viernes, 26 de diciembre de 2014

#NaviBlogger: Diana

Ruido, todo a su alrededor es ruido. Pero ella ha dejado de oírlo. Respira con fuerza, o cree que lo hace. Sus ojos ven sin ver el desastre que ocupa su entorno. 

Ni si quiera tenía que estar allí. Su hermana le había rogado tanto que se quedara... Y ella simplemente había desoído sus suplicas. Si la hubiera escuchado, en ese mismo instante estaría sentada sobre la nieve. Mirando desde su colina la ciudad que la había visto nacer. Llena de luces, de colores, que la hacían soñar que su alma podía llegar a elevarse y flotar entre todas ellas, aunque solo fueran fantasías estúpidas, la llenaban de una paz imposible de alcanzar en un momento como aquel. También estaría llena de personas que compartían la ilusión de aquellas fechas. Algunas incluso dejaban atrás los rencores y se reencontraban con familiares y seres queridos que habían dejado atrás. Ella había sido testigo en una ocasión. Entre todas esas personas estarían las importantes para ella, probablemente compartiendo la cena. Quizá la echasen de menos. "Tendrán que acostumbrarse a eso" piensa mientras la siguiente explosión la empuja contra la fría roca. 

Siente las piedras rasgando su piel, y espera que el dolor la saque de la extraña burbuja que envuelve su mente. Ha colapsado, ya no puede más. Ha llegado hasta ese lugar siguiendo a un hombre ¿Cómo no? ¿Qué otra cosa se podía esperar de alguien como ella? Ninguna causa noble la había llevado al centro de esa guerra que envolvía los países del norte. Solo un hombre. Y jamás le había dicho lo que sentía por él.

El ruido volvió a atizar sus oídos y se levantó con gran dificulta, pues descubrió que algo había dañado su pierna izquierda. No importaba, nada lo hacía ya.

Si miraba hacia atrás, tenía que admitir que no se arrepentía de nada. Sus decisiones, equivocadas o acertadas, por los motivos que fueran, la habían hecho quien era. La habían llevado hasta allí, y si todo iba a acabar en ese momento... entonces había llegado la hora de ser sincera. 

El olor a oxido y pólvora era asfixiante. El humo lo cubría todo. Pero consiguió llegar a la siguiente cámara. Está vacía, lo que es de agradecer. Continúa y baja como puede lo que queda de las escaleras.

Unos candelabros llaman su atención, junto a ellos descansan unos cascabeles de colores. El alma se le cae a los pies ¡Los niños! Imposible, se recordó. Los pequeños debían de haberse ido mucho antes de que aquel ataque los sorprendiera. Los cascabeles tintinearon, tras la siguiente explosión y tuvo que cubrirse la cara con los brazos, mientras recordaba lo travieso que era Nicolás, y que siempre arrastraba a Nina en sus travesuras. Rezó porque no se hubiesen escapado de la caravana de su abuela. Rezó, aunque no creía en los Dioses, porque estuvieran a salvo. 

De pronto tenía mucha prisa. Recorrió todos los corredores por los que solían jugar los niños, buscando un espectro. Algo que deseaba no encontrar. Escuchó voces y gritos, y corrió en su dirección. Recordó que por esa zona había un refugio y se preguntó si los gritos venían de allí.

Entonces se lo encontró a él. El hombre al que amaba, ayudando a salir a las mujeres del refugio, que había sido alcanzado por una de las bombas. Tenía toda la intención de ayudarlo cuando algo llamó su atención. Otro hombre, uno que ella conocía demasiado bien. Lo consumía el rencor, y solo vivía por la venganza. Su padre biológico. El hombre que la había abandonado para ir busca de su venganza iba armado con una espada. Una de esas que servían para decorar el salón. Pero ella sabía bien que estaban muy afiladas, recordaba como cortaba aquel acero. Se estremeció, hasta que vio cómo blandía la espada para matar al hombre del que estaba enamorada.

Reaccionó poniéndose delante de la espada y sintió el acero atravesándola. Vio al hombre que le dio la vida arrebatándosela, y al que había hecho su vida más llevadera dándose cuenta tarde de lo que sucedía. Al primero, deseaba gritarle que era un cobarde por atacar por la espalda a quien dice odiar. Al otro deseaba confesarle todo lo que sentía por él, todo aquello que había guardado dentro de su corazón.

Pero a veces el final llega antes de lo esperado, no siempre podemos decir todo lo que queremos, y su fin había llegado. Sin elocuente despedida y gloría, sintió como la vida se escurría entre sus dedos tan muda como ella. Quizá esta vez su alma sí se elevaría con las luces que iluminaban su ciudad. Aunque estas estuvieran muy lejos, y ella ya no volviera.

Lo último que escuchó, pues no habló fue su nombre en los labios de aquellos dos hombres que tanto habían marcado su vida: Diana. 

Participantes: 
Emily Broken Rose: Emily Broken Rose
Étincelle: Chispas
Garonne: Catón de Elder
Ana Lilium: El viaje de Melissa
El loco cósmico: El hogar del loco cósmico 
JJ Parejo: Cuentos de Taberna
Katia Vanclaise: Testamento de papel
Misora Arosim: Explosiones en la cabeza
Srta Wolf; The last howling
The Crazy Writter: Is the crazy writter

domingo, 19 de octubre de 2014

El vacío

-Le he dicho la verdad.

Abrahán sintió como se destruía su frágil, pero atesorado mundo bajo sus pies. Se había acabado todo. Ya no quedaba nada, por lo que luchar. Nadie había podido acabar con él hasta el momento. Muchos de los más grandes y fuertes  guerreros habían ido hasta su tierra natal para batirse en duelo con él. Ninguno había sido capaz de vencerlo. Pero esa pequeña mujer acaba de destruir su mundo. Lo había estropeado todo. Sintió entonces que le flaqueaban las fuerzas, y escuchó más que vio caer su espada. Poco después le siguieron sus rodillas, que probaron el sabor del frío suelo de baldosas negras. Todo había acabado.

La muchacha de endemoniados cabellos, color de la sangre, se arrodilló frente a él y colocó su boca junto a su oído. Entonces susurró apenas dos frases que fueron único el bálsamo que pudo dar sosiego a su corazón. Quiso reír de dicha e incredulidad. Incluso dar saltos de alegría. Sin embargo, ella se incorporó de nuevo y sin mirar a atrás siguió su camino.


Abrahán vio aquella dicha que él creía inagotable disminuida de pronto, y se preguntó que la llevaría a interceder por él. De alguna manera, su alegría se tiño de vacío, y más tarde en algún momento de la noche, ese vacío se convirtió tristeza.

Angie

viernes, 5 de septiembre de 2014

Un giro inesperado

Dragones a eso se resumía todo. Seis Dragones, seis países que constituían un continente, dedicado a venerar a los que antaño fueron grandes bestias que surcaron cielos, y ahora no eran más que piedras. Piedras a las que la gentes de  aquellos lares entregaban sus vidas entre ruegos, suplicas y clemencias que en su mayoría eran desoídas. Pues de todos era sabido que corrían tiempos de penurias e injusticias.

Kalia detestaba todo aquello, para ella lo único que les habían dejado los Dragones eran Dognes. Unas criaturas en apariencia humanas que podían adoptar la forma de los Dragones de la región en la que nacían. Unos tiranos en su opinión, que se aprovechaban de su familiaridad con las místicas criaturas que los caracterizaban para tomar todo lo que deseaban, sin importar las consecuencias de sus actos. Ella no sabía cómo eran las cosas en los demás países, pero en Feuer; tierras del Dragón del fuego, los Dognes no eran más que un puñado de arrogantes que miraban, a todos los que no eran como ellos, con superioridad y desprecio. Sabía poco de los demás países pero no creía que fuese muy diferente.

Sin embargo ella no estaba dispuesta a ser pisoteada, ni mucho menos vendida como una vulgar mercancía, tal y como pretendía hacer su tío. Quería casarla con un Dogne, propietario de una de las pocas tierras prosperas de Feuer, pues allí no había más que volcanes y desiertos, a excepción de unas cuantas extensiones de tierra que valían pena. Por supuesto no se encontraban en mano de pueblerinos y mercaderes. De ahí que la práctica del matrimonio por conveniencia fuera tan acuciada en aquel lugar.

viernes, 1 de agosto de 2014

Capítulo 22: No tan ridículos miedos.

 Dentro del coche, Dante era castigado con la dura ley del hielo. Cristal parecía abstraída mirando por la venta. Estaba muy quieta. La habría creído sumida en una perfecta clama de no ser por la forma en que apretaba los puños contra el asiento. El silencio imperante en aquel habitáculo estaba empezando a incomodarle.

 -¿Qué te pasa?

 Cristal se limitó a apartar la vista del paisaje y mirarlo con la incomprensión grabada en su rostro. El cual se encontraba excesivamente pálido, incluso sus ojos parecían ser más claros de lo habitual. Sin espera a que reiterara la pregunta volvió su mirada al frente. Volviendo a abstraerse de nuevo. Dante se preguntó si su reticencia a hablar con él se debía a que seguía enfadada por haberla mandado a la enfermería.

 -No estoy enfadada contigo- susurró.

 -Dijiste que no leías los pensamientos- replicó a la defensiva.

 -Y no lo hago, lo has murmurado en voz alta- contestó suspirando-. Solo para que te quedes más tranquilo, si mi don incluyese escuchar los pensamientos de las personas, me volvería loca. Perdería mi personalidad. Es incompatible conmigo, así que tu mente está a salvo de mí.

 Dante decidió que el silencio no estaba tan mal después de todo. Siempre acaba teniendo la sensación de que la presionaba de alguna manera. Aunque eso no disminuía su preocupación por el color cenizo que estaba empezando a adquirir su piel. Parecía más frágil que de costumbre y a su vez más distante.

Al bajar del coche se dirigieron hacia su casa con un paso muy lento impuesto por Cristal. Su rostro se descomponía un poco más con cada paso que daba. Dante incluso llegó creer que tendría que llevarla en brazos el resto del camino. Pero ella se mantuvo en pie y no le dio ningún indicio de que necesitase ayuda.

 Cuando por fin cruzaron el umbral de la puerta, el comportamiento de Cristal se volvió del todo irracional. Asombrándolo, se agarró con fuerza a la parte trasera de su chaqueta y enterró la cabeza en su espalda ocultándose de su compañera. Xena por su parte mostraba una abierta curiosidad por la pequeña, que se escondía de ella.

 Sin entender lo sucedía, la agarró por las manos y la colocó frente a ella. Para su sorpresa notó el ligero temblor en el cuerpo de la muchacha, que clavó la mirada en el suelo. Por su mente pasó la ridícula idea de que Cristal podía tenerle miedo a Xena, pero eran tan absurdo e irreal que tuvo que descartarlo al instante. No tenía sentido Xena era la criatura más dulce y bondadosa que él había conocido jamás. Además de que tan solo sobrepasaba a Cristal por un palmo. Era imposible que la pequeña se sintiera intimidada, cuando no se había mostrado así delante de Erin, ni del resto de los integrantes del Círculo. Ni siquiera frente a él o Damon. Era incomprensible.

 -Xena- la llamó aclarándose la garganta-. Está es Cristal, una de nuestras nuevas colaboradoras.- explicó a modo de presentación, sin embargo la susodicha continuaba inmóvil.- Tendrá que quedarse unos días con nosotros.

 Xena les dedicó a ambos la más cálida de las sonrisas, pero Cristal no pudo apreciarlo pues no apartaba la mirada del suelo ni por un momento. Dante decidió que lo mejor sería dejarlas solas, confiando en que ellas se las apañarían. Atrajo su compañera hacia sí, y depositó tierno un beso en su coronilla antes de subir las escaleras.

 Como reacción exagerada, en opinión de Dante, al oír su marcha Cristal dio varios pasos hacia atrás, alejándose de Xena cuanto podía. Incrédulo, desde lo alto de las escaleras decidió observar cómo se desenvolvían las cosas entre ellas.

 -¿Te  encuentras bien?

 Como respuesta recibió un leve asentimiento. Xena ladeo la cabeza observándola y con cuidado de no alarmarla dio un paso en su dirección. Luego se agachó poniéndose de cuclillas, para encontrarse con la mirada de la joven.

 -¿Qué te preocupa tanto?

 La respuesta tardó tanto en llegar que Dante creyó que Cristal no contestaría a la pregunta.

 -Tú...-susurró-. Yo no quiero hacerte daño...

 Dante frunció el ceño y se cruzó de brazos preocupado. No entendía lo que quería decir Cristal. Su compañera tampoco parecía entenderlo por lo que se tomó su tiempo para procesar aquella confesión, y permanecieron en silencio unos segundos que a él le parecieron eternos.

 -¿Por qué ibas a hacerme daño?

 -Por lo que soy y por lo que tú eres, hace poco...- el final de frase fue inaudible para la pareja.

 -¿Qué ocurrió?- preguntó Xena en suave susurro.

 -Alguien como tú me conoció, y al poco tiempo tuvieron que trasladarlo a la enfermería. Perdió el conocimiento. Eso no es bueno para nadie, y menos para una mujer embarazada. Yo no quiero hacerte daño- reafirmó temblando de pies a cabeza.

 Dante nunca la había visto tan turbada, pero ahora que comprendía su extraño comportamiento, compartía su preocupación. El don de Xena era muy parecido al de Bryan. Se reprendió por no haber previsto algo así, y únicamente reprimió el impulso de agarrar a Cristal y llevársela cuanto más lejos pudiera de su compañera, porque a través del vínculo de sangre sentía a Xena sumida en la más perfecta calma. Ella se encontraba bien, pero estaba preocupada por la pequeña oráculo que tenía frente a sí.

 -¿Cuál es tú poder Cristal?

 -Veo la vida de toda persona a la que puedo ver o tocar. Desde el momento en el que empiezan a adquirir conciencia, a veces incluso antes de que eso suceda, hasta el momento actual en el que se encuentra.

 -¿Es por eso que no me miras?

 -No, oigo tu voz. Con eso es suficiente para que empiece a ver tu vida. Se hace más lento, más molesto tal vez, pero a lo mejor te resulta más fácil a ti.

 -Yo solo siento lo que tú sientes, no lo que ves de mí o que viste de los demás.

 -Pero lo que veo me hace sentir.

 -Si, por eso te siento como si estuvieras muy lejos, como si hubiese un montón de capas que te rodearan, ocultando el sonido de tus emociones, y debajo de todo esas capas estuvieras tú. Pero no es algo dañino.

 Cristal levantó la mirada por primera vez y contempló a Xena con asombro.

 -¿Así me ves?

 Xena asintió y le dirigió una pequeña y cálida sonrisa.

 -Sí, lo ves, no me ocurre nada, estoy bien.-afirmó mientras se reincorporaba y daba otro paso en su dirección, pero Cristal todavía recelosa retrocedió un poco más.

 -Él también estaba bien hasta que me tocó.

 -¿Él?

 -Sí, un vampiro.

 Xena guardó silencio durante unos instantes. Dante temía que aquello removiera dolorosos recuerdos de su pasado y ella rompiese en llanto, no soportaba verla tan triste.

 -Una vez conocí a un vampiro, que superó la sed de sangre, después de matar a su compañera. Tras el dolor del enlace de sangre roto, recuperó la conciencia y con el tiempo superó la adicción. Claro que ya no era el mismo, era otro, diferente. Era como si estuviera roto en lo más profundo de su ser. Sus ojos cambiaron de color y se volvieron rojo sangre, como el deseo que lo había llevado hasta ese punto de su vida. Un cruel recordatorio de lo que había hecho, de lo que había sido.

 "Entonces desarrolló una extraña peculiaridad. Como si su mente estuviera tan rota como su alma, sentía todo lo que sentían aquellos a los que tocaba. Pero no lo hacía como yo, para mi es algo natural pero para él era como una invasión. Lo que recogía entraba en él y lo sentía como propio. Yo lo veo como algo ajeno. Y un tú caso todavía más. No me harás nada te lo prometo.

 Finalizado el relato, que la propia Cristal habría visto en versión extendida, acabó con la distancia que las separaba. Para espanto de la pequeña cuyo rostro adquirió un color cenizo, estrechó una de sus manos. A pesar de la explicación previa y la plena confianza que le tenía en su compañera Dante se tensó. Pero nada sucedió y Xena pudo dedicarle a Cristal una sonrisa de total satisfacción.

 -¡Lo ves!- exclamó con alegría.

 -Yo... siento lo de tus padres- murmuró Cristal, que apenas empezaba a destensarse.

 -Eso pasó hace mucho tiempo, no vale la pena seguir lamentándolo.- replicó con dulzura.- ¿Te encuentras bien?- volvió a preguntar.

 -S-Si...-tartamudeó todavía nerviosa.

 -¿Crees que necesitas una tila?

 Cristal asintió con ansia, y sus tripas rugieron con fuerza. Lo que la hizo enrojecer de inmediato.

 -Lo siento mucho- barbotó avergonzada.

 Xena soltó una risita encantadora. Dante intuyó entonces que ambas se harían grandes amigas, en el breve tiempo que Cristal pase con ellos.

 -¿Tienes hambre?

 -Sí, bueno es que mis hermanas y Violeta son buenas personas, pero no buenas cocineras- admitió cohibida Cristal.

 -Bueno esperemos que te agrade mi comida entonces.

 Y eso fue lo último que Dante escuchó antes de recorrer el camino hacia su habitación.

domingo, 11 de mayo de 2014

Capítulo 21: Talón de Aquiles.

 Ángel estudiaba con detenimiento los planos que Cristal les había dado. Eran un regalo caído del cielo, y no le quedaba más que admitir que la muchacha tenía talento como artista. Meneo la cabeza con disgusto, era demasiado joven como para llevar cargas tan pesadas sobre sus hombros.

 -La mayoría de las oráculos que conozco, corren una suerte parecida.- comentó Emily dejándose caer sobre una silla a su espalda.

 -Creí que te habías ido con tú padre- murmuró.

 - ¿Y perderme el placer de oír tus maquinaciones de planes casi suicidas?- se burló-. Sin olvidarse de algo que podría hacerte parecer casi humano-añadió con gran enfatización, levantándose  de su asiento y acercándose cada vez más. Él retrocedió un paso.- Te preocupas y lamentas por la pequeña de las Laurents, sin apenas conocerla. Increíble ¿No es cierto?- preguntó cínica- Ten cuidado, como sigas así voy a empezar a creer que tienes corazón.

 -Cree lo que quieras. Pero aclárame una cosa ¿Nunca te cansas de decir tantas estupideces?- preguntó mientras reagrupaba unos papeles y ponía distancia entre ambos.

 -No- respondió con simpleza y una sonrisa coqueta- Tan inapropiadas son mis "estupideces" que consiguen ponerte nervioso. No te imaginas el show que me ofreces.-continuó volviendo a acercarse a él y riendo con sorna-. Y si sigues escapando de mi, vas a quedarte sin habitación para huir- añadió en un susurro.

 -Yo no huyo de nadie-gruñó.

 Emily lo presionaba. Siempre había disfrutado de hacerlo. Hasta aquel momento siempre se había frenado en cuanto llegaba a un límite, pero esa noche parecía distinta, más confiada. Quizás por saber que necesitaban la colaboración de su padre, o por cualquier otra razón desencadenante. Pero su actitud no le gustaba, le hacía ponerse a la defensiva. Ella buscaba algo de él, no sabía qué. Pero estaba seguro de que no sería bueno que lo encontrara.

 -¿Ya te has puesto a la defensiva? ¡Qué reacción más peculiar!

 Se alejó de él, concediéndole su espacio. Pero Ángel no se dejó engañar. Fuera lo fuera, lo que Emily Kéldysh quería, aún no había quedado satisfecha. Y estaba seguro de que no iba a desaprovechar aquella oportunidad.

 -Sí Cristal te agrada tanto ¿Por qué hiciste que se marchara?- preguntó abstraída mirando los dibujos que hacía poco él mismo había revisado. Una actitud muy poco común en ella. Ahora sí, empezaba a sentirse nervioso. Nada bueno podía salir de aquello.

-¿Estás celosa Emily?- preguntó siendo por una vez el burlador y no el burlado.

-Hinchas demasiado tu ego marinero- replicó meditabunda, sin apartar la mirada de los dibujos- Pues no, no es el caso- respondió acariciando los papeles-. Sin embargo, yo te he respondido y tú a mi no ¿Te habías fijado en ese detalle?- murmuró sin abandonar aquel fastidioso rintintín de su voz.

 Ángel volvió a concentrarse en sus papeles, tratando de ignorarla. Pero tardó poco tiempo en darse cuenta de que ella no se cansaría de esperar su respuesta. A veces olvidaba que aquella mujer estaba dotada de una cuantiosa, y ocasiones escalofriante, paciencia. 

 -Erin se altera demasiado cuando la tiene cerca. El Círculo necesita a su líder en sus cabales, ahora más que nunca. No voy a ponernos a todos en peligro por una chiquilla- respondió exasperado.

 Emily asintió, no del todo conforme. Dejó los dibujos en su sitió y se giró para mirarle a la cara, mientras se apoyaba sobre la mesa.

 -¿Tú sabes por qué Erin se comporta así con Cristal?

 -No- contestó, pero admitía que se moría de ganas por saber de dónde salía tan alta antipatía reciproca. Sobre todo teniendo en cuenta que ambos acababan de conocerse.- ¿Y tú? ¿Lo sabes?

 -No.-murmuró-. Está demasiado concentrada en otras cosas, como para prestarle atención a Erin.

 -A tu padre no va a gustarle oír eso. Estoy seguro de que desearía que prestases especial atención a la mente de Erin y a la de Damon.

 -Te equivocas. Mi padre daría todo cuanto tuviera porque yo pudiese leer la mente de Cristal. Casi no ha pensado en otra casa desde que la vio- informó con tedio-. En eso, y en lo extraño de su árbol genealógico. En los orígenes de las tres hermanas.

 No le gustaba que Yerick prestase tanta atención a las Laurent. El excesivo interés de los políticos en algo nunca traía nada bueno.

 -Estarás en tu salsa ¿No es cierto, Emily? Intrigas y misterios. Tienes todo lo que más te gusta al alcance de tu mano.

 Emily alzó la vista y su mirada era dura e inflexible. Señal inequívoca de que había errado en su comentario. La aludida apretó los puños y la mandíbula. Dio dos pasos en su dirección y golpeó con un puño su pecho. Ángel no había esperado esa reacción y permaneció inmóvil a la espera de que algo más sucediera.

 -Así que sabes muy bien lo que me gusta ¿No es verdad?- preguntó sarcástica.- Pues muy bien, voy a decirte lo que no me gusta. No me gusta que un Antiguo se paseé a sus anchas por nuestra dimensión. No me gusta que mi padre ande involucrado en todo este tema ¿Y quieres saber qué es lo que menos me gusta, Ángel?- preguntó, pero ambos sabían que no esperaba una respuesta- No me gustan ni la medias tintas ni las verdades a medias- añadió fría y severa- Y tú te escudas en la aversión que hay entre Erin y Cristal, para no admitir que la echaste porque te recordaba demasiado a Miranda- dijo azuzada por la ira-. Tu hermana- añadió con desazón.  

 -¿Has acabado?- preguntó con la misma frialdad que le había dado ella y tensándose por completo.

 Emily dejó caer su mirada al suelo. Y su pequeño cuerpo tembló, para su consternación. Era la primera vez, en su vida, que veía a una Emily Kéldysh vulnerable. Pero no se ablandó por ello y la tensión no hizo más que aumentar.

 -¿Por qué no puedes admitir que la echas de menos, igual que yo?- preguntó en susurró.

Permanecieron en silencio largo rato. Con aquella pregunta colgando en el aire. Entonces Emily retiró el puño de su pecho y sin mirarle, se fue.  

martes, 26 de noviembre de 2013

Capítulo 20: Decisiones.

 Caroline se sentó frente a una enorme mesa de cristal junto a su hermana. Dejó caer los brazos sobre la mesa y a continuación les siguió la cabeza. Tenía tantas visiones entremezcladas en su interior, que tenía la sensación de que su cerebro explotaría en cualquier momento. Cansada y con dolor de cabeza, solo quería darse una ducha caliente y relajarse.

 Lo único bueno del día, era que gracias a las increíbles dotes culinarias de Violetta habían conseguido hacer comer a Cristal. Aunque esta se encontrase ahora más taciturna de lo normal. Hacia un rato, le había pedido un cuaderno a Violetta y se había puesto a dibujar. Hacía años que no la veía hacerlo. Eran las únicas ocasiones en las que veía un futuro en el que ella estaba involucrada. De pequeña, solía ver el dibujo terminado en cuanto ella cogía el lápiz entre las manos. Se concentró en eso, tratando de aislar todo lo demás. Aunque solo sirviera para distraerla un momento, por lo menos sería algo que le resultaría familiar. La imagen que centelleó en su mente la extrañó y la impactó lo suficiente, como para aturdirla. Irguió la cabeza para mirar a su hermana sorprendida. Cuando otra imagen la sacó de su asombro, y se incorporó del todo.

 -Vas a tener visita.

 -¿Quién?- preguntó Cristal sin apartar la vista del papel. Sus movimientos eran firmes y precisos, sin temor a equivocarse.

 -Un vampiro y su hija. Conocerte es la condición que han puesto, para conseguir que Erin, Ángel y Alison puedan ir a la celebración.

 -¿Tú no vas?- preguntó extrañada.

 -Iré, pero como acompañante de Damon.

 -¿Y él lo sabe?

 -Debe de saberlo, no veo otra opción en mis visiones.

 Una chispa de diversión prendió en los ojos de Cristal.

 -Así que irás con tú férreo protector.- ante ese comentario Caroline entrecerró los ojos. Sabía que su hermana, hacía referencia a lo sucedido en la sala de entrenamientos. Desde luego, tenía un nefasto sentido del humor, que ella no compartía.- ¿Cuándo llegará mi visita?

 -En cinco minutos. Pero primero aparecerá la pareja alfa de la base.- Su tono sonó burlón.- En tres, dos, uno.

  La puerta se abrió y  por ella entraron Alison y Erin.

  -Lo ves.

 Cristal despegó los ojos del papel para echarle una rápida ojeada a la pareja, y luego volvió a concentrarse en su dibujo.

 Alison se sentó frente a ellas en silencio. Lucía su larga cabellera mojada, anudada en una coleta. La odio al instante de darse cuenta. Ella anhelaba con todo su ser darse una ducha. Después de todo, el agua formaba parte de ella, y la necesitaba como nadie más podía hacerlo. Consideró la idea de congelarle las gotitas que aun pingaban de sus rizos. De pronto, Cristal dejó de dibujar para extender el brazo hacia ella y pellizcarla.

 -¡Oye, eso duele!- exclamó Caroline ofendida.

 Cristal alzó la vista del papel para lanzarle una mirada muy significativa.

 -Pensar es gratis y no le hace daño a nadie- Caroline tuvo la necesidad de defenderse.

 Cristal se limitó a continuar dibujando, con una mueca de total escepticismo.

 -Nos conocemos- reprochó en voz baja.

 Caroline indigna  dirigió la vista al frente y se topó con el ceño fruncido de Erin. Este no les quitaba ojo de encima.

 -¿También lees el pensamiento?- preguntó estoico.

 Caroline tuvo ganas de echarse a reír, pero la expresión de Erin le sugirió que no era una buena idea. Cristal por su parte ignoró al vampiro de forma deliberada, como si el tema no fuese con ella. Fue Alison quien negó con la cabeza y se volvió para mirar a su compañero.

 -No lee el pensamiento, pero Caroline llevaba las intenciones escritas en la cara.-La susodicha se crispó en asiento.- ¿Sabes? La habitación que se te dio tiene baño.

 -No lo sabía- murmuró.

 Alison soltó aire cansada y se volvió a recostar contra su asiento.

 -¿Falta mucho para que lleguen?- preguntó Cristal.

 Caroline estaba segura de que su hermana no lo preguntaba por impaciencia. Sino más bien deseosa de que cambiasen de tema.

 -No, ya están en la base. Ángel los traerá en seguida. Damon a llamado a Dante para que asista a la reunión y llegaran más o menos a la par.

 Confirmando sus palabras, Damon y Dante entraron en la habitación, haciendo un leve saludo hacia el grupo en general. Damon optó por situarse detrás de Caroline, para quedar frente a frente con Erin. Por su parte, Dante se dirigió a la pared opuesta a la puerta y se apoyó contra ella como si quiera sostenerla. Caroline se fijó en que era exactamente la misma postura, que había adoptado la primera vez que Cristal había hablado ante el Círculo. El detalle le pareció curioso, y se preguntó si habría algún motivo en especial para que se colocase así.

 Antes de que pudiese continuar con el hilo de sus pensamientos, llegaron las nuevas visitas. Ángel, entró acompañado por un vampiro con aspecto de cuarentón y una mujer. El hombre tenía unas facciones duras y sin embargo, sus ojos plateados tenían un brillo especial que le hacía desconfiar.

 La mujer que les acompañaba poseía una belleza poco usual. Todo en ella indicaba que era un mujer peligrosa, y probablemente difícil de tratar. No tardó en encontrar el parecido físico con su padre, a pesar de ser muy leve. Ella miraba tanto Caroline como a Cristal como si hubiese algo que le molestara de ellas.

 Caroline no le dio importancia, y se volteó para comprobar si su hermana pequeña estaba bien, o si dos vidas más habían sido excesivas para ella. Pero Cristal ignoraba la presencia ambos totalmente concentrada en su dibujo.

 Erin saludo con amabilidad a los recién llegados y pasó a las presentaciones.

 -Yerick, esta es Cristal Laurent, nuestra informadora.

 El aludido miraba a la pequeña, con la estupefacción dibujada en el rostro. Mientras esta continuaba con su tarea.

 -No hacía falta la presentación. El señor  Kéldysh sabe quién soy.

 Inmediatamente las miradas pasaron de Cristal a Yerick alternativamente. Todos sorprendidos en aquel momento. Ninguno habría esperado algo así.

 -¿Y por qué te conoce?- preguntó Caroline a su hermana, bastante preocupada.

 La respuesta sin embargo se la dio el mismo vampiro.

 -La señorita Laurent me ha abierto un par de puertas en el pasado. Aunque nunca he sabido por qué. Y la verdad es que me lo he preguntando muy a menudo.

 Las miradas se centraron en Cristal expectantes a su respuesta. Pero ella parecía totalmente absorta con lo que hacía, y el silencio se alargó tanto que Caroline creyó que no contestaría.

 -Estaba lo suficientemente protegido, como para que nadie se diese cuenta de que mentía.

 Yerick sopesó en silencio su respuesta. Pero al contrario que Cristal el percibió que los presentes aguardaban una explicación.

 -Hace unos años, cuando quise subir un escalón más en la cima del Consejo. Fui sometido a un "juicio" de lealtad. Por aquel entonces, trabajaba duro con Mason Wayland. Tratábamos de impedir unos pactos que nos perjudicaban a ambos. Me ocupé de ocultarlo a cal y canto. Además también estaba colaborando con el Círculo de forma encubierta. Pero yo entré en esa sala con la absoluta seguridad de que no podrían descubrir nada.

 "Verdaderamente fui tan inepto de creer que lo tenía todo bajo control. Hasta que me presentaron a una pequeña niña, que apenas me llegaba por encima de las rodillas.- los movimientos de Cristal sobre el papel comenzaron a ser más lentos-. Casi no me había dado tiempo a fijarme en sus cadenas, o en las marcas de su piel. Cuando me explicaron que ella acaba de ser testigo de todo cuanto había acontecido en mi vida.

 "Creí que acaba de perderlo todo y que estaba a punto de ser acusado de traición. Esa niña iba a firmar mi sentencia de muerte, y probablemente la de mi familia. O eso creía, hasta que abrió la boca y mintió.

 "La vi dos veces más después de eso, no tuvo la misma consideración con ninguno de los otros hombres. Desde entonces no he dejado de preguntarme por qué. No esperaba una respuesta tan sencilla."

 -¿Eso es lo qué te obligaban a hacer? ¿Sentenciar hombres a muerte?- la voz sombría de Alison hizo que Caroline se sobresaltara. Cristal nunca hablaba sobre nada de lo que hubiera hecho.

 -Entre otras cosas- susurró todavía sin apartar la vista del dibujo. El silencio se prolongó hasta que Cristal depositó el lápiz sobre la mesa.-Creía que estábamos aquí para hablar de la cámara de Ebriz, no de mi.-dijo alzando por primera vez la mirada del papel.

 Erin asintió y si dispuso a centrarse, en lo que les había llevado hasta allí.

 -Bien ya la conoces y Alison irá con nosotros. Eso cumple con tus condiciones y nos deja con el siguiente problema- expuso con voz serena- No existen planos de Ciye. Los arquitectos están muertos, y las únicas tres perdonas que saben guiarse por esos corredores están vigiladas igual que lingotes de oro. Eso viene a ser nuestro primer problema.

 -Y ni si quiera sabemos con exactitud qué estamos buscando.- murmuró Dante

 -Ya lo he solucionado- anunció Cristal y dejó sobre la mesa su dibujo, lo que venía a ser el primer plano detallado de Ciye, y en el borde superior la forma de la runa que pretendían robar.

 Caroline no le dedicó mucho tiempo al plano, ya lo había visto con anterioridad. Pero no pudo evitar sentirse decepcionada. Su hermana era una gran artista, y que lo primero que le hubiese visto dibujar en años fuese aquello, la llenaba de tristeza. Por estúpido que pareciese en aquel momento supo que Alison compartía su pena. Era para ellas como una perdía, aunque Caroline no entendía muy bien por qué.

 -En este pasillo, en la tercera vitrina de la estantería izquierda está la runa. La vitrina tiene una contraseña que cambia cada cuarto de hora aleatoriamente. El camino más corto para llegar allí es este- dibujo unas líneas sobre el plano.- Tendréis que subir a la segunda planta y entrar a través de la puerta que hay en el Salón de Juicios.- frunció el ceño como si hubiera pasado algo por alto-. Os dibujaré el cierre y os explicaré que hacer para forzarlo.

 -Caroline- susurró Alison.

 -No me preguntes si habrá bajas, porque no lo sé. Hay tantas posibilidades como estrellas.

-¿Y cuál es que se repite más? Vamos Carol sé que no siempre aciertas. Pero estoy segura, de que tienes al menos un par de visiones que se repiten con más a hinco. O que por lo menos te serán más intensas. No me lo niegues.

 Caroline la miró furiosa. Sí, claro que las había. Siempre las había, pero no siempre eran las acertadas. Ella no tenía derecho a pedirle eso. No les daría falsas esperanzas y tampoco desmoralizaría a nadie. Y menos por un capricho de su hermana.

 -He dicho que, no lo sé.

 -No creo que haya visto ni tu muerte, ni la de Erin. Sino ya estaría tratando de salvar a nuestros pobres sobrinos- dijo Cristal distraídamente, ya que volvía a estar centrada en el papel.- Por cierto, tiene razón Francesco es un nombre horrible para el pequeño.

 -¿Sobrinos?- preguntó Erin desconcertado.

 Alison fingió no haberlo escuchado.

 -No estaba preguntando por eso.

 -Visiones, sobrinos ¿Sois familia?- Yerick aun parecía más estupefacto que Erin, si eso era posible.

 -Hermanas- contestó Cristal.

 -Emily- murmuró Yerick en busca de respuestas.

 -Son hermanas- confirmó- pero solo puedo leer los pensamientos de una de ella- comentó frustrada por el hecho.-Por cierto, Alison no está embarazada.

 -Aún.- apuntó Caroline.

 -¿No es normal que no escuches sus pensamientos?- se interesó Damon, que intervenía por primera vez.

 -No, es la primera vez que me pasa.

 -Es un bloqueo natural.- les informó Cristal.- Lo forma tu mente para protegerte de lo que cree que será demasiado para ti. Caroline también me bloquea, por eso nunca ve el futuro si yo aparezco en él. O lo ve, pero no me ve a mi.-hizo una pausa, debatiéndose sin saber si seguir hablando o no.- ¿Sabes? Alguien tan psíquico como tú debería ser capaz de derribar esos bloqueos. Si alguna vez encuentras la forma de hacerlo. Hazte un favor, no lo hagas.

 -¿Por qué?

 -Esos bloqueos están ahí por algo. Es preferible tenerlos. Créeme.

 -¿Y tú cómo sabes todo eso?

 -Porque yo también tuve mis propios bloqueos.

 Alison y Caroline intercambiaron miradas confundidas. Los demás presentes no perdían cuenta de los movimientos de Cristal sobre el papel. Y esta última no parecía ver a ninguno de los presentes.

 -¿Sois todas de la misma madre o del mismo padre?- preguntó Yerick muy seguro de que no compartían ambos congéneres.

 -Madre.- respondieron las tres al unísono.

 La incomprensión se dibujaba en rostro de Yerick. Las observaba como si fueran el mayor descubrimiento del siglo. Caroline empezaba a pensar que probablemente lo fueran. Nunca se había parado a pensar en la extrañeza de su origen. Y las pocas veces que lo había hecho, se había limitado a preguntarse quienes serían sus padres.

 -¿Qué mujer fue capaz de concebir a tres oráculos? Y tres tan fuertes como vosotras.

 La pregunta quedó suspendida en el aire. Hasta que Cristal volvió a dejar el papel sobre la mesa y buscó a Ángel con la mirada.

 -¿Cómo os vais a organizar?

 Ángel tardó unos segundos en comprender la pregunta.

 -Bien, he pensado en ello. Nosotros tres iremos de invitados de Yerick, pero necesitamos a Caroline allí con nosotros.

 -Irá conmigo- intervino Damon.

 Ángel asintió conforme. Damon era uno de los invitados a la fiesta, gracias a sus propios contactos. Nadie había dudado de su asistencia a la ceremonia. Caroline ya sabía todo aquello, pero le molestó que ni siquiera se tomaran la molestia de preguntarle si estaba de acuerdo o no. Daban por hecho que sería así y punto.

 -Cristal tú no deberías estar aquí esa noche. Si vamos a huir de Ciye sería conveniente que Caroline no tuviera ningún obstáculo que le impida "ver" la base.

 -¿Y a dónde irá?- preguntó Alison escandalizada.

 -Puedo llevármela y dejarla con Xena- ofreció Dante de forma inesperada.

 Todos parecían conformes con la sugerencia. A excepción de Cristal, que fijaba la vista en el centro de la mesa, con el rostro totalmente inexpresivo. Caroline adivinó que ella tampoco le hacía gracia que decidieran aquello sin consultárselo.

 -Está bien, por ahora ¿Algo más?- preguntó Caroline queriendo zanjar aquella reunión cuanto antes.

-Sí, tú deberías irte ya con Damon. Si no queremos que la gente haga preguntas sobre ti, deben veros juntos antes de la gala.-dijo Ángel. Caroline tuvo el impulso de protestar, pero se sentía tan hastiada con todo aquello, que decidió dejarlo correr- Y bueno...- Ángel hizo una pausa bastante extensa, como si no supiera cómo continuar. Era una actitud tan antinatural en él, que la hacía sentir extraña, como si algo no encajara.- Cristal, creo... que lo mejor sería que tú también te marchases hoy. Para evitar situaciones tensas.- añadió dirigiendo una rápida mirada a Erin.

 -¿Cómo?-preguntó Alison, a quién se le había desencajado la cara. Miró a su compañera estupefacta. Erin se encogió de hombros. Caroline se preguntó de quién habría sido la idea, pero tuvo la sensatez de no expresar su curiosidad en voz alta.

 -Bien-dijo Cristal rompiendo el silencio y levantándose de su sitio-¿Cuándo nos vamos?

miércoles, 27 de marzo de 2013

Capítulo 19:Tratos.

 La noche le estaba proporcionando una larga espera. Pero eso le daba tiempo para pensar y para organizar las cosas a su gusto dentro de su cabeza. Ángel tenía claro que si querían infiltrarse en Ciye debían asistir a una de sus festejaciones, y para ello necesitaban a Yerick Kéldysh.

 Si Damon llevaba consigo a miembros del Círculo levantaría sospechas. Pero la amistad entre Erin, Ángel y Yerik era bien conocida públicamente, no sería de extrañar que asistieran siendo sus invitados. Claro que debía obtener su colaboración, y aunque el vampiro le debía unos cuantos favores al Círculo no sabía si les ayudaría. En esa fiesta se encontraría toda la familia de Yerick. Lo que complicaba mucho las cosas, Yerick no pondría en peligro a su adorada hija y su mujer.

 Luca le había concertado con el vampiro un encuentro en una de las zonas menos problemáticas de Boston. Desde la azotea de un edificio bastante mugriento, observaba a los transeúntes humanos, ajenos a la existencia de seres como él, mientras trazaba una estrategia para conseguir la ayuda de Yerick que llegaría en breves.

 -Siempre podrías pedirme una cita- la voz seductora de Emily rompió el silencio, interrumpiendo sus maquinaciones.

 Se dio la vuelta y miró en su dirección. Lo primero que vio de ella, fueron sus altas botas negras de tacón. Los ajustados pantalones de cuero y su escotada blusa negra de tirantes, que dejaban muy poco a la imaginación. Desde luego si fuera un necio, la idea de pedirle una cita a Emily Kéldysh le habría resultado... deseable. Pero sabía muy bien que no debía dejarse caer en las redes de esa mujer. Ella se acercó hasta quedar frente a él y elevó la cabeza unos centímetros para poder mirarlo a los ojos. Los cortos y negros cabellos enmarcaron su cara, resaltando su fiera belleza. Sus mechas pelirrojas relucían llamativas desde su perspectiva. Emily alzó la mano y acarició fugazmente su pecho, pero no la apartó.

 -Tal vez acceda- le susurró clavando su mirada castaña en él, encendiéndolo deliberadamente pues hacía tiempo que sabía cómo reaccionaba su cuerpo ante ella. Y sin más se alejó de él y fue a sentarse sobre la barandilla de la azotea- Aunque solo fuera por el bien común, claro- añadió en un susurro que solo él pudo oír.

 Emily había estado leyendo sus pensamientos, por supuesto. Su insidioso don siempre tan útil para ella. Antes de conocer a las hermanas Laurent, ella era la única oráculo que conocía cuyo don sirviera para algo, al menos sin destruirla usándolo.

 -¿De qué habla mi hija, Ángel? ¿Qué es lo que me vas a pedir?- preguntó Yerick arqueando una ceja y sin andarse con preámbulos.

 Ángel, que no había contado con que no vendría solo, suspiró profundamente y se sereno un poco.

 -Necesito que nos invites a Erin y a mí al baile de la Routh.

 Yerick lo evaluó con detenimiento, muy pensativo.

 -¿Por qué?

 - Queremos robar un objeto que se guarda en la cámara de Ebriz.- el tampoco y iba a andarse con rodeos, conocía bien a Yerick y sabía que no le gustaría que se marchara por la tangente.

 El vampiro abrió los ojos con sorpresa, pero no perdió la compostura. En su lugar guardó silencio durante un largo tiempo.

 -En ese baile estarán mi compañera y mi hija ¿Te das cuenta de lo que me estás pidiendo? Puede que consigas entrar en la cámara sin armar mucho alboroto. Pero una vez dentro tendrás aproximadamente diez minutos antes de que se den cuenta de que estáis ahí. Encontrar algo en Ebriz puede llevar semanas incluso con permiso del Consejo, es una cámara caótica hecha para perderse en ella. Y aún en el caso de que lo consiguierais, salir de allí sería prácticamente imposible. Si robas algo de esa cámara convertirás el baile en un campo de guerra, y eso sin contar con las repercusiones sociales. Ya no se tiene en muy alta estima al Círculo, como para que aún encima causéis una catástrofe en Ciye.

 En apariencia Yerick se encontraba sosegado frente a él, pero apretaba con fuerza el puño izquierdo, apenas visible desde su perspectiva. Señal de que todo aquello, no le gustaba ni un pelo. Ángel sabía que Yerick daría cualquier cosa por mantener a su familia a salvo. Si aún no se había marchado era porque en el pasado él había salvado la vida de Jessica, su inseparable compañera.

 -Lo sé.-respondió escueto, aumentando la tensión del ambiente, sabía que Yerick necesitaba tiempo para procesar todo aquello. Él sólito le pediría la información que necesitaba para convencerlo, en cuanto estuviera preparado para escucharlo. Mientras tanto mantendrían el silencio.

 -¿Qué es lo que  queréis robar y por qué?- preguntó después de un rato.

 -Una runa, más bien una piedra con forma de runa ¿Estás seguro de que quieres saber el por qué?

 -¿Te crees que yo estaría aquí si mi padre no quisiera saberlo?- preguntó Emily que permanecía a su espalda, sentada sobre la barandilla.

 -¿La traes para que me saquee la cabeza?- preguntó Ángel irritado por el comentario.

 Yerick se encogió de hombros sin ninguna clase de vergüenza. Ángel esbozó una sonrisa totalmente carente de alegría, que habría hecho estremecer a los muertos. Yerick se tensó de inmediato, preparado para adoptar una posición de ataque en cualquier momento. Habiendo visto acechar el peligro en los ojos de Ángel. Este sintió como una pequeña piedrecita impactaba contra su cabeza. No necesitaba darse la vuelta para comprobar que se trataba de la protesta silenciosa de Emily. Inspiró con fuerza y se dio cuenta de que no le convenía comenzar una pelea. Sin embargo, decidió que intercambiaría unas cuantas palabras con Emily en otro momento.

- Tenemos un problema con un Antiguo- admitió y guardó silencio esperando expectante su reacción. Sabía que el tema tocaba de lleno al vampiro que tenía frete a sí. Después de todo, él se había visto involucrado en las guerras en las que se luchaba por su extinción, siendo apenas un niño.

 Yerick se quedó inmóvil.

 -¿Un Antiguo? No quedan de esas criaturas en esta dimensión. Hace siglos que su existencia fue eliminada de ella.- las palabras fueron rudas pero Ángel no se amedrentó.

 -Este Antiguo solo lleva aquí dos siglos, no ha sido eliminado por nadie.- respondió con la misma rudeza que había recibido, midiendo la reacción de Yerick en todo momento.

 Por alguna razón que Ángel no alcanzó a comprender Yerick pareció establecer una relación.

 -Ha venido de otra dimensión. La runa es para cerrar el portal que debió abrirse. No sabía que el Círculo tenía conocimiento alguno de las runas.- parecía estar pensando en voz alta más que hablándole a Ángel.

 - No lo teníamos, hasta hace poco ¿Por qué tú sí?

-¿Olvidas cuanto tiempo llevo sobre esta mundo?- no lo hacía pero Erin llevaba más tiempo que él allí, y no parecía saber nada del asunto. Yerick interpretó con éxito lo que pasaba por su mente- Al contrario que Erin, yo siempre me he interesado por los asuntos del Consejo, y recientemente he conseguido un cargo político muy codiciado ¿Crees que habría llegado hasta ahí sin haber destapado unos cuantos secretos?

 -¿Quién más sabe acerca de ello?

 -No sabría decirte- exhaló frustrado- hay varias maneras de llegar hasta esa información y no sé cuantas personas han conseguido llegar hasta ella.

 Ángel le creyó. Yerick no le pondría trabas para encontrar al desgraciado, que había cometido la insensatez de haber traído de nuevo un Antiguo, al lugar que él consideraba su hogar. Tampoco le impediría que impartiera sobre él la justicia del Círculo.

 -¿Quién os ha dado esa información? Por lo que sé Damon Campel no ha podido obtenerla, y esa es la única alianza que se conoce que tiene el Círculo.

 -Todos tenemos nuestros secretos.

 Yerick dejó vagar su mirada hacia el infinito meditando sobre el asunto. A su espalda Ángel escuchó el ruido de los tacones de Emily que se acercaba con lentitud a su padre. En cuanto entró en su campo de visión la vio apoderase de la mano de Yerick y acariciarlo con delicadeza.

 -Papá, ayúdales por favor.

 Los ojos plateados de Yerick la estudiaron con pulcro interés y detenimiento.

 -Con una condición- anunció sin apartar la mirada de su hija.

 -¿Cuál?- preguntó Ángel algo tenso.

 -Quiero que nos presentes a vuestro informador. Tanto a mi como a mi hija. Además Erin deberá llevar a su compañera consigo. No queremos levantar sospechas antes de tiempo.

 -Hecho.

 Y con ese último monosílabo se selló el pacto que los aproximaba un poco más a la runa que necesitaban y al Antiguo.