miércoles, 22 de agosto de 2012

Capítulo 13: Negros Recuerdos.

 Caroline se había acurrucado cerca de la pared de agua, y trataba con todas sus fuerzas de no hundirse en la marea de los recuerdos que Damon había desatado. Extendió la mano dejando que el agua la envolviera en su fino manto, y una imagen lacerada la golpeó con la fuerza de un huracán. Su mano se convirtió en un puño, que dejó caer lentamente y se obligo a mirar dentro de aquellos recuerdos, para poder salir del abismo que se había anclado en su alma.

 Ellas eran unas niñas, habían vivido con su abuela desde el nacimiento de Cristal. Caroline había visto como los vampiros, integrantes de la Sorcen, mataban a su abuela días antes de que sucediera. Al contárselo, su abuela había hecho los preparativos para marcharse de la ciudad, pero en aquel entonces Caroline solo tenía 8 años y sus visiones no eran en absoluto exactas. Las tres habían ido a despedirse de un gatito que habían alimentado durante meses. Cuando volvieron a casa, hallaron a su abuela muerta. Al principio la conmoción las embargó, pero pronto comprendieron que allí no estaban a salvo.

 Desde ese momento, las tres pasaron a vivir en la calle, pues temían ser encontradas por la Sorcen sí dejaban que los tribunales humanos las enviaran a algún orfanato. Entre las tres habían conseguido mantenerse con vida. Alison y ella planificaban pequeños hurtos para conseguir comida. Caroline estaba constantemente atenta a sus visiones, para que ni los renegados descontrolados ni la Sorcen, las cogiesen por sorpresa. Cristal, a pesar encontrarse en la tierna edad de 6 años, las protegía del frío por las noches, mostrando un férreo control sobre el fuego que era capaz de producir. Pasaron así un año, algunos meses con más hambre que otros, pero sobreviviendo al fin y al cabo.

 Hasta que una noche, mientras Alison y ella planeaban como podían hacerse con comida para el día siguiente, Caroline vio como Cristal era atacada por un renegado. De inmediato Alison las teletransportó, a ambas, al lugar exacto donde se encontraba su hermana pequeña, quedándose exhausta.

 Caroline fue la primera en divisar al renegado y usó su poder para congelar al vampiro, antes de que pudiera acercarse lo suficiente a Cristal como para que ella se diera cuenta de lo que pasaba. Lo siguiente que vio Caroline fue como Cristal se convulsionaba, seguramente reviviendo la vida de su casi agresor. Fue lo último que vio en tres días, pues apenas tenía 9 años y la constante energía que empleaba en las visiones, junto con el hecho de haberse visto obligada a congelar a un vampiro, le provocaron grandes fiebres, y durante ese lapso de tiempo tan solo era consciente de que alguien la alimentaba.

 Cuando despertó, Alison había llegado seguida por los vampiros de la Sorcen que las encarcelaron. Al principio, estaban las dos juntas, sin Cristal. Y Caroline le había pedido explicaciones a Alison. Quizá no de la mejor manera, pues el no saber nada de Cristal estaba masacrando su instinto protector, pero le había dado la oportunidad de explicarse. Sin embargo, Alison no dijo nada y cuando habló solo fue para decirle que no podía explicarle sus razones. Aquello le había dolido más que nada. Podría haber soportado cualquier cosa, menos la desconfianza de su hermana. No era estúpida y sabía que Alison no haría jamás algo como eso sin un gran motivo de peso. Ella las quería. Pero su silencio la hirió en lo más hondo, y nunca fue capaz de perdonarle eso.

 Durante los siguientes 3 años, habían sido obligadas a usar sus poderes en beneficio de aquellos que las encerraban. Lo primero que hicieron fue marcarlas y hacerles ver como marcaban a sus hermanas. Alison había gritado, su marca fue grabada en el omóplato derecho, era una rosa rodeada de espinosas zarzas que caían en vertical, no muy grande pero estaba hecha por un hierro al rojo vivo, y dolía como nada que pudiera recordar. A ella se la habían hecho en la parte izquierda del vientre bajo y había vomitado en cuanto la soltaron. Pero la más perturbadora había sido Cristal, a quien se la habían hecho en la parte baja de la espalda, y no emitió ni un solo ruido, sus ojos estaban cargados de dolor y miedo pero sin lágrimas. No exhaló ni un solo quejido, aunque luego tuvieron que arrastrar su cuerpo de nuevo a su aislada celda.

 A Caroline también la separaron de Alison. Fue drogada y atada a una cama para que solo pudiese centrarse en las visiones, ya que el resto de sus poderes habían sido calificados como inútiles o demasiado peligrosos. Y durante todo ese tiempo Caroline solo vio desgracias. Al principio había callado las cosas que podían perjudicar a la asociación, pero como castigo la habían torturado y obligado a ver como sus hermanas sufrían el mismo castigo, así que empezó contar sus visiones con sumo detalle.

 Aún así, podía ver como utilizaban a su hermana Alison y las cosas a las que sería sometida. Nunca había sido capaz de ver el futuro de Cristal y el no saber de ella la corroía por dentro. Cada una de las visiones que tenía sobre Alison fue como una estaca clavada en lo más profundo de su alma, no soportaba verla sufrir. Se había cansado de llorar sin parar y había perdido toda esperanza cuando todo acabó.

 Recordaba bien ese día, había empezado tan monótono como los demás, pero entonces unas llamas que arrasaron con todo, abarcaron su habitación. Caroline no entendía porque no había visto su propia muerte abrasada, y lamentó no poder despedirse de sus hermanas. Pero por extraño que pareciera, las llamas  no la quemaron, parecían evitarla. Caroline no podía usar sus poderes acuosos todavía bajo el influjo de las drogas, así que no entendía porque no había muerto quemada, como el resto de las personas que se encontraban en el recinto. Entonces, en una visión del futuro, vio a Alison junto a un manzano. La imagen hizo que saliera de su habitación, las ligaduras de su cama habían ardido como el resto de la base. Intentó correr pero a su cuerpo le resultaba del todo imposible, hacía demasiado tiempo que únicamente se movía por las noches. Cuando alguno de los vampiros residentes la sacaba a pasear para que sus músculos no se atrofiaran, y el efecto de las drogas tampoco la estaba ayudando.

 Aún ahora, Caroline no sabía cuánto tiempo había pasado vagando por los incendiados corredores. Hasta que llegó a una sala donde encontró a sus dos hermanas, ninguna sana. Allí encontró también la explicación al extraño comportamiento de las llamas. En el centro de la habitación, inmensas oleadas de fuego giraban en espiral rodeando el cuerpo de Cristal. Nunca había visto algo así. Alison y ella empezaron a intentar llegar hasta Cristal, pero fue inútil. Las llamas habían sido provocadas por ella de eso no cabía duda. Sino ni ella ni Alison se encontrarían a salvo, y la estructura del edificio habría cedido. Caroline comprendió que incluso sumida en ese estado de total desenfreno Cristal quería protegerlas.

 Próximo a ellas se encontraba inconsciente un vampiro moreno, que a Caroline le resultó extrañamente familiar. No se preocupó por lo que él podría hacerles, vio claramente que no se despertaría en días.

 Permanecieron en silencio observando a Cristal durante varias horas, en las que Caroline pudo ver lo hundidos que estaban los pómulos de sus dos hermanas. Sabía que de alguna forma habían conseguido evitar que Alison se teletransportara a cualquier sitio, y que no habían dejado explotar su capacidad para crear electricidad. Pero no tenía ni idea acerca de los tratos a los que habían sometido a Cristal. Con el tiempo se había dado cuenta de que la Sorcen conocía a la perfección sus poderes y los de Alison antes llegar allí, pero no sabían nada acerca de los de Cristal. Lo había descubierto al visualizar algunas de las conversaciones entre los vampiros, pero no tenía idea del motivo. Solo sabía que por eso la habían apartado de ellas en una primera instancia, querían estudiarla.

 Cuando salió de su trance y las llamas dejaron de rodearla Caroline y Alison, mediante una especie de comunicación silenciosa se la llevaron.

 Alison las telestransportó a una azotea de las afueras de Carolina de Norte donde habían estado solo una vez de pequeñas. Cuando Cristal despertó parecía estar recluida dentro de su mente y eso las aterraba. Cristal había crecido muy poco en esos tres años, al contrario que ella y Alison que incluso habían empezado a desarrollarse. Sin embargo solo tenían solo 12 y 13 años, y estaban asustadas, tenían miedo de que volvieran a encontrarlas.

 Cada vez que Alison recuperaba las fuerzas saltaban a un sitio diferente, y un día en Bangor, Cristal volvió a ellas. No era la misma de antes, pero al menos hablaba y se daba cuenta de las cosas que pasaban a su alrededor, aquel lugar había traído la vida hasta Cristal. Ninguna fue capaz de preguntarle qué era lo que había pasado el día del incendio, temían que volviera a recluirse en su mente.

 Cristal veía el mundo con nuevos ojos, pero su carga era mayor que la de sus hermanas, pues cada día tenía que sobrellevar sus recuerdos, los de sus hermanas, los de la gente que iba conociendo y las que ya había conocido. Hasta ese momento, tanto Alison como Caroline habían sido ignorantes de lo que eso debía suponerle.

 Cuando Cristal fue consciente de la tensión entre sus dos hermanas mayores, intentó arreglarlo todo y quiso contarle a Caroline lo que había pasado. Alison se había enfadado y Caroline no dejó hablar a Cristal. Le explicó que eso no era lo que le importaba, le hizo entender que era lo que todavía dañaba su corazón y le pidió que no le contara nada. Porque sabía que sí se lo contaba ella y no lo hacía Alison el lazo que la unía a ella terminaría de romperse. Entonces Cristal le pidió a Alison que hablara con Caroline, pero no obtuvo ningún resultado. Al final se rindió, pero eso la hizo volverse más taciturna y ambas hermanas se inquietaron por igual. Acababan de recuperar a Cristal y no querían perderla de nuevo.

 Una noche, sorprendiéndolas desmesuradamente, Cristal lloró apoyada contra la ventana, no sabían cómo actuar. Pero entonces ella, hablando en tan solo unos susurros, les explicó que era lo que había desatado su fuego sin freno. Había visto al hombre que era su padre. Al parecer eso había hecho salir de lo más profundo de su subconsciente, la historia de su madre y la había hecho perder el control de todo. Cristal les explicó que ninguna de las tres tenía el mismo padre y no añadió nada más. Nunca volvió a salir el tema y jamás intentaron presionarla para que dijera más. Simplemente cuando Cristal se hizo mayor y cada una encontró una forma de ganarse el sustento, se separaron, hasta ahora. Nunca había perdido el contacto con Cristal, pero si con Alison. Y ahora estaban las tres allí, Caroline no podía creérselo.

 Unos golpecitos en la puerta la sacaron de sus recuerdos. Cristal apareció en la puerta con una humeante taza de chocolate entre las manos y su imagen le arrancó una pequeña sonrisa. Cristal le pasó la taza y se acurrucó contra ella.

 -¿Sabes qué es lo que va a pasar ahora?- preguntó tras unos minutos en profundo silencio.

 -Va a haber una reunión otra vez- Caroline tuvo que inspeccionar sus visiones para poderle dar esa respuesta.

 -Sí, porque he decidido que voy ayudar en esta guerra.

 -¿Por qué?-el miedo estaba impreso en su pregunta, Caroline no deseaba ver a su hermana pequeña envuelta en todo aquello.

 -Porque es importante- hizo una pausa- si algún día tengo hijos quiero que vivan mejor que yo, y para eso necesito un mundo mejor. ¿Me ayudaras a conseguirlo?

 -Siempre-no necesitó pensárselo dos veces, pero después de esa decisión, la embargó la necesidad de llevar la conversación a temas más ligeros- ¿Por qué no se lo has dicho directamente a Erin? Veo como acosan a preguntas al vampiro al que llaman Luca.

 Sin saber por qué una sonrisa se dibujó en ambos rostros.

 -Luca me gusta, pero Erin no.

 -¿Por qué te gusta Luca?

Cristal estiró la mano para alcanzar el agua que seguía cayendo.

 -Porque es sincero y bueno.- la mirada tierna que le dirigió Cristal nada tenía que ver con lo que estaban hablando. Iban directa a Caroline, a intentar proporcionarle consuelo, así se lo hizo saber cuando al terminar la frase le acarició el rostro con una de sus pequeñas manos.

domingo, 19 de agosto de 2012

Capítulo 12: Sorcen.

 En una de las áreas de descanso que según tenía entendido no eran vigiladas, porque solían ser utilizadas por las compañeras de los integrantes del Círculo, se encontraba Damon tratando de poner en orden sus ideas.

 Recordaba haber ayudado a desmantelar la asociación Sorcen, que se había librado muchas veces de la justicia gracias al Consejo. Los líderes de esa asociación capturaban oráculos con poderes útiles y las usaban de la peor de las formas. Eran capaces de cualquier cosa por obtener lo que querían de ellas.

Damon había visto alguna de sus cámaras de tortura y las grabaciones de su uso, recordaba haberse horrorizado con lo que había visto. Algunas de las oráculos que habían entrado en esas cámaras habían sido demacradas tanto a nivel físico como psíquico.

 Damon sabía que las más fuertes eran violadas y obligadas a concebir. Los niños eran apartados de sus madres al nacer y solían ser más fuertes de lo normal. Las niñas eran criadas hasta que se descubría su potencial, si eran consideradas aptas acababan encerradas como sus madres, si no lo eran las catalogaban como inútiles y eran asesinadas.

 Mason había sido uno de los más interesados en desmantelar a la Sorcen, aunque para ello hubiese tenido que dar una impresión totalmente opuesta al resto de la sociedad vampírica. No culpaba a Caroline por pensar lo peor de él, así es como lo veía la mayoría de la sociedad.

 A pesar de los esfuerzos de Mason había sido casi imposible dar con la pista del paradero de ninguna de las bases de la Sorcen, que estaba bien protegida por los altos líderes del Consejo, a los que esa asociación les daba generosos ingresos y facilidades para adquirir grandes cantidades de  poder. Pero hubo una gran explosión en una de las bases que usaban. La potencia de la explosión dejó sin vida a todos los vampiros que se encontraban allí en ese momento, exceptuando a uno, aunque su supervivencia no tenía lógica alguna pues había estado en el centro de la explosión. Dos o tres oráculos también habían sobrevivido, pero sus mentes habían sido tan dañadas que no quedaba ellas nada más que la locura. La estructura de la base y algunos ordenadores había quedado intactos por pura suerte.

 Mason había hecho un gran trabajo al recopilar todos los datos de la base. A partir de ese momento, cada una de las bases había caído gracias a él, hasta que no quedó ninguna. Damon le había ayudado, pues ya entonces lo respetaba y lo tenía en muy alta estima. Mason le había abierto las puertas de su casa después de la muerte de su madre en sus brazos y el rechazo de su padre.

 Se preguntó qué clase de cosas habría vivido Caroline en alguna de esas bases. Ella no había querido contarle nada sobre lo ocurrido y le había pedido que se marchara. Él no había tenido la intención de hacerlo pero su expresión abatida le venció y decidió complacerla, aunque hacerlo le había conllevado un considerable esfuerzo, no quería dejarla sola, pero respetaría sus deseos.

 Dante entró en la habitación sacándolo de su cavilación y tomó asiento. Damon reparó vagamente en la agitación de su amigo e hizo un esfuerzo por volver al presente. Dante se había sentado enfrente de él sin mediar palabra.

 -¿Has averiguado algo?- su voz sonó roca y Damon se aclaró la garganta.

 -No sé cómo habrá sido tú interrogatorio, pero yo jamás me había topado con algo tan sorprendente- una nota de retorcido humor se dejó entre ver en su voz- No te va a gustar lo que he averiguado.

 -A ¿no?

 -No- la diversión se borró de rostro de Dante y sorprendiendo a Damon este no parecía tener ganas de añadir nada más.

 -¿Qué te ha dicho la pequeña?- la reticencia de Dante le estaba empezando a preocupar. De pronto, recordó su conversación con Caroline y el abrasador instinto protector que se había despertado en ella cuando se mencionó a Cristal- ¿Qué es lo que le ha pasado?

 -Nosotros, todos nosotros, eso es lo que le ha pasado.

 -¿Qué quieres decir?- algo no andaba bien.

 -Ella ha visto nuestras vidas.-hizo una pausa mientras evaluaba la reacción de Damon, quien le devolvió una mirada estoica esperando a que continuase- al revés que Caroline ve el pasado, y hoy a sufrido una sobrecarga.- un brillo que Damon no alcanzó a comprender apareció en su mirada- Siete vidas son muchas vidas.

 Damon trató de asumir todo aquello con la mayor celeridad posible. La más pequeña de las hermanas era lo que, en un mundo donde la información es poder,  se denominaría como la mayor arma con la que se había encontrado. Esa niña poseía todos sus secretos, eso le perturbaba, no quería que ella le temiese. No les convenía tenerla en su contra.

 -Entiendo.- había visto el potencial de sus hermanas y no había subestimado a Cristal en ningún momento, y menos, después de ser testigo del sólido pragmatismo que la envolvía.- Mason ordenó el ataque, está siendo chantajeado con algo que tiene relación con Rubí- hizo una pausa dándole tiempo a Dante para aceptar su afirmación, pero sin esperar a que la furia se anclara en él- Caroline fue atrapada por la Sorcen y lo más probable es que sus hermanas también.- en silencio Damon vio como Dante procesaba toda la información.

 -Y nosotros las hemos vuelto a enjaular, esto no me gusta.- a Damon tampoco pero Dante no necesitaba una confesión oficial para saberlo.

 Ambos se pusieron en marcha sin pronunciar más palabras. Buscando a alguno de los integrantes del Círculo, necesitaban saber cómo dar el siguiente paso. Llegaron hasta una cocina y se encontraron a Cristal sentada junto a un joven vampiro. Al oírlos entrar ambos levantaron la cabeza y centraron su atención en ellos.

 -Luca me coges otra taza, por favor- la simple petición de Cristal los cogió desprevenidos a todos.

 El muchacho se levantó, cogió una taza del mueble de la cocina y lo colocó encima de la mesa donde Cristal se había apoderado de la tableta de chocolate y había empezado a partirlo en onzas. Cuando terminó depositó todo el chocolate en la taza que atrapó entre sus manos, y todos fueron testigos de cómo el chocolate se fundía en la taza hasta volverse líquido.

 -Me tengo que ir.

 -No puedes marcharte del recinto- los vivaces ojos verdes del joven estaban llenos de alarma, pero aún así Cristal le dedicó una pequeña sonrisa.

 -No pensaba hacerlo, pero mientras tú hablas con los demás yo no tengo por qué quedarme en la cocina.

 Y dicho esto, se abrió paso entre él y Dante con la taza en la mano y se apresuró a salir de la habitación. Damon comprendió su actitud, en cuanto vio que iba en dirección a la habitación donde él había dejado a Caroline. Se volvió para interrogar al muchacho, pero tuvo que esperar a que Cristal se perdiera de vista al girar en la esquina para recuperar tanto su atención como la de Dante.

viernes, 17 de agosto de 2012

Capítulo 11: Confesiones.

 Luca volvió a su puesto después de estar presente en la aireada discusión entre Erin y Ulrik. Inspeccionó las imágenes que le mostraban las cámaras de seguridad del recinto y se relajó al no encontrar cambios.

 A Erin lo había disgustado mucho que Ulrik le juzgara y le había ordenado que fuese en su busca antes de empezar la reunión con Damon, Dante y las muchachas pero solo era una excusa para que se marchara de allí, aunque todos sabían que Erin no necesitaba ninguna excusa.

 Luca tenía prohibido exponerse demasiado, porque era el único de los integrantes de Círculo, en Boston, que sabía utilizar ordenadores. De hecho había estudiado para ello, y además era él más joven con tan solo 20 años. Ulrick le caía bien pero sabía que probablemente se había merecido la reprimenda pues era un hombre difícil.

 De pronto, una de las cámaras le mostró como una menuda morena con grandes ojos claros, salía de uno de los cuartos que no estaban siendo utilizado hasta ahora. La reconoció como la menor de las hermana de Alison, estaba al tanto de los poderes de las tres hermanas y está era la que más le había llamado la atención.

 Cristal alzó la vista, mirando directamente a la cámara y le indicó con gestos que se dirigía a la cocina. Se quedó totalmente atónito, sabía que ella debía conocer su existencia  porque lo había visto en las vidas de sus compañeros, pero no había esperado que tratara de facilitarle el trabajo. Intrigado él también se dirigió a la cocina.

Cuando llegó la encontró tratando inútilmente de alcanzar una taza del mueble de la cocina, y Luca se dio cuenta de que ella no debía de medir más de un metro y cincuenta. Se acercó, le cogió la taza y se la entregó.

 -Gracias-dijo Cristal y le sonrió.

 Acto seguido y como si se encontrase en su casa empezó a hacerse café. Mientras esperaba le miró esperando a que dijese algo, pero Luca no sabía que podía decir. Ella inclinó sutilmente la cabeza y Luca se sintió expuesto al recordar que ella estaría contemplando toda su vida en ese momento.

 -¿Por qué has venido aquí si no querías que viera tu vida?

 La pregunta le sentó a Luca como una bofetada del todo inesperada.

 -¿Cómo...

 -No eres él primero que se siente incomodo conmigo.-musitó Cristal sin dejarle continuar. Le mantuvo un momento la mirada y luego se volteó para sacar el azúcar del mueble y una cuchara de un cajón, mientras esperaba a que se hiciera el café.

 Luca la observó totalmente hechizado por la delicadeza que mostraba en cada movimiento, y se sintió perturbado por haberla rechazado de esa manera, por algo que ella no podía controlar.

 -Lo siento.

 Una tímida sonrisa reapareció en el rostro de Cristal.

 -No hace falta que te disculpes ¿Quieres café?

 Él negó con la cabeza y cuando ella sentó en la mesa con su humeante taza, se tomó la libertad de sentarse a su lado.

 -Cuando dices que no soy el primero, te refieres a que hay mucha gente que sepa cuáles son tus poderes.

 -Hasta esta noche solo lo sabían mis hermanas y una pequeña familia con solo dos integrantes.-le informó Crital cogiendo una onza de chocolate de la tableta que había encima de la mesa.- Ahora también lo sabe el Círculo y Dante, así que pronto lo sabrá también Damon.

 -¿Nadie más?- preguntó Luca sorprendido.

 Cristal bebió un pequeño sorbo de su café y su mirada se torno distante por un momento.

 -Hubo más personas que lo sabían pero ahora están muertas,- su voz era tan solo un susurro-bueno excepto...- Cristal titubeó- mi padre.

 Luca sintió que el tema empezaba a afectarla de alguna manera.

 -¿Cómo es para ti?-preguntó Luca, cosa que hasta ese momento no se lo había planteado-Eso de ver las vidas de los demás.

 Cristal se encogió de hombros pero su mirada había vuelto a ser cálida.

 -Algunas vidas me hacen daño físico, pero por lo general las llevo bien-hizo una pausa para saborear su magdalena- las peores son las de mis hermanas.

 Luca se quedó totalmente sorprendido con su confesión.

 -¿Por qué?

 Cristal dejó la magdalena encima de la mesa, se giró y lo miró directamente a los ojos. Luca se quedó inmóvil sin saber qué hacer.

 -Porque ellas me importan mucho, y su dolor me afecta directamente, a mí. Pero no se lo digas o se pondrán tristes y yo no quiero eso.

 -¿Porque eres tan abierta?-preguntó Luca realmente interesado, no comprendía por qué le decía todo aquello sino quería que lo supieran sus hermanas, parecía una confidencia muy privada.

 -No lo sé, a veces tengo la sensación de que le debo eso a las personas que me rodean, porque yo sé todo de ellas, pero ellas de mi no saben nada.

 Su afirmación lo consternó profundamente, hasta que llegó la cólera.

 -No me debes nada, yo no he hecho nada por merecerme esa confianza- explicó Luca reprimiendo su repentina culpa teñida de rabia.

 -Pero necesito confiar en alguien aquí, se cosas que debéis saber- afirmó Cristal con convicción.

 -Y ¿Por qué yo?

 -Porque no quiero contárselo a Erin.

 Luca se agitó Erin era su líder y su lealtad le pertenecía a él, no solo por el hecho de ser el líder sino porque él le debía mucho a Erin y ella tenía que saberlo. Frunció el ceño.

 -Pero yo sí se lo contaré a Erin.-dijo Luca esperando su repuesta.

 -Lo sé, pero no lo haré yo.

 Eso lo desconcertó más de lo que había creído posible.

 -Verás yo...- Cristal cogió su taza y dió un buen trago de café, con mucha parsimonia antes de suspirar y continuar.- no vine aquí por casualidad, lo que pasa es yo... he visto al Antiguo al que estáis buscando y creo que sé a dónde ha podido ir.

martes, 14 de agosto de 2012

Capítulo 10: Trapos Sucios.

 Llevaban 20 minutos en absoluto silencio. Sin más entretenimiento que mirarse el uno al otro o inspeccionar la pequeña habitación que les había sido asignada, a pesar de la reticencia de Alison. Caroline llevaba un rato fascinada observando la pared de agua que separaba esa habitación de la siguiente, el agua caí rápida y vertiginosamente impulsada por alguna clase de motor. No podía parar de preguntarse por qué habían sido tan temerarios como para meterla allí. ¿Era alguna clase de provocación? ¿Una especie de muestra de que no la temían? ¿Estaba tan aburrida que no hacía más que sacar conclusiones ridículas? Le pareció que ese último era el caso, aunque ciertamente, se podía interpretar como una provocación.


 Apartó la mirada harta de sus frustrantes pensamientos sin sentido. El tono azulado de las paredes le daba una sensación de confort a la habitación y en una esquina había una mesa caoba, en la cual reposaba una fuente decorativa en funcionamiento, alzó una ceja dorada y comprendió que habían elegido esa habitación apropósito ¿Se pensaría Alison que así la estaba ayudando en algo? Suspiró, era absurdo. Pero entendió que ese era exactamente el motivo por el que estaban allí. Meneo la cabeza y observó que también había dos sillas, una estantería con libros y unas escaleras de pizarra en forma de caracol, donde ella se había sentado, que conducían a lo que parecía un cuarto oscuro para revelar fotos. Claro que podía estar equivocada, no había subido para comprobarlo.


 Damon apoyaba la espalda contra el pilar de la pared como si tratara de sostenerlo. Había cruzado los brazos sobre el pecho y no había apartado la mirada de ella en ningún momento. Caroline se preguntaba si su ininterrumpido silencio se debía a que ambos eran conscientes de que ella podía usar todo el agua de la habitación contra él. Aunque la verdad era que no la necesitaba, podría crear agua aunque se encontrara en un desierto. Decidió que ese no era el motivo por que seguían sin hablar, no creía que ese vampiro fuese tan fácil de amedrentar, y mucho menos cuando su mortífera mirada no se apartaba de ella. En un intento por acabar con su aburrimiento decidió echarle un vistazo a su futuro.

 El increíble torrente de imágenes sobre lo que podría pasar la abrumó. Sorprendida trató de estabilizar un poco aquel cúmulo de posibilidades creando una especie de patrón, y de pronto comprendió el por qué la presencia del silencio que los envolvía.

 Damon no parecía capaz de decidir que le preguntaría primero, cada visión nueva era una pregunta distinta que daba paso a una amplia red probables futuros. Caroline empezó a clarificarlas preguntas entre las que no tenían sentido, las que eran complicadas de responder y las que rezaba porque no realizara.

 -¿Qué has visto?- preguntó Damon que debía de haber notado un cambio en su actitud y ahora se mostraba tenso, mientras que la cautela asomaba en sus hipnóticos ojos dorados.

 -Tu indecisión- murmuró dejando entrever su frustración, tanto por la espera como por la inquietante fascinación que le provocaban sus ojos.

 -¿Qué quieres decir?-preguntó Damon frunciendo el entrecejo.

 -Te veo preguntarme muchas cosas sin declinarte por ninguna en especial.

 Damon se limitó a asentir.

 -¿Por qué aceleraste las negociaciones? Eso no te incumbía, y por lo que me has dicho si hubieses esperado tal vez la situación se hubiera volcado a tú favor.-dijo Damon observándola atentamente en busca de alguna reacción.

 -Lo sé, pero no podía esperar.

 -¿Por qué?

 Caroline sopesó la pregunta, mientras libraba un debate interno sobre si debía ser sincera o no. En realidad no habría podido ver ninguna otra opción, al menos no con Cristal allí, si había llegado a tener esa visión era porque no había otra alternativa posible. Pero no quería explicarle a Damon por qué no podía ver el futuro de su hermana pequeña. Ella sabía que Cristal necesitaba salir de allí, y eso era lo único que le importaba cuando decidió interrumpir, aunque no por ello había conseguido controlar su rabia.

 Miró a Damon todavía indecisa y  el instinto le dijo que era mejor no andarse con rodeos, así que decidió que sería sincera, por ahora.

 -Cristal necesitaba salir de allí.

 La cara de Damon  era totalmente inescrutable, pero a Caroline le dio la impresión de que entendía.

 -¿Qué es lo que le pasa?

 Caroline le lanzó una mirada gélida y guardó silencio, no estaba dispuesta a contestar, Cristal era su hermana y Caroline preferiría morir antes que exponerla ante cualquier cosa. Ambos se mantuvieron la mirada.

 -Nada bueno.-ofreció Caroline como única respuesta.

 Se produjo un tenso silencio entre ellos, ella acababa de marcar los límites que él no podía cruzar con sus preguntas.

 -¿Sabes quienes son nuestros enemigos?- preguntó Damon rompiendo el silencio, mientras a Caroline se le escapaba un suspiro de alivio, agradecida por el cambio de tema.

 -Sí

 Ante su escueta respuesta Damon se acercó a ella, que continuaba sentada en las escaleras de caracol con la cabeza gacha, la agarró del mentón y tiró de ella suavemente, para obligarla a mirarle a los ojos. La sensación de esa mano fuerte tocando su cara la hicieron estremecer, y trató de apartarse inútilmente. Resignada levantó la mirada, solo para fulminarlo, mientras la pregunta evidente flotaba entre ellos exigiendo respuesta.

 -Créeme, prefieres no saber quiénes son.-susurró Caroline sabiendo de antemano su reacción.

 -Eso lo decidiré yo.

 Caroline se zafó de su agarre y meneó la cabeza en señal de negativa, se levantó bruscamente y él la imitó. Dado que se encontraba dos peldaños más arriba que él, pudo encontrarse cara a cara con Damon.

 -Ya lo has hecho, y no me gusta tú reacción.-volvió a susurrar Caroline.

 -Dímelo -ordenó Damon con voz ronca, mientras la pasión se dibujaba en sus ojos, su proximidad embargaba los sentidos de Caroline, quién sin saber por qué tuvo la necesidad e acercarse a él y descendió los escalones hasta llegar a su lado.

 -Mason Wayland y sus tropas de renegados- dijo Caroline mordaz.

 Damon se alejó de ella dando unos pasos hacia atrás, las facciones de su rostro no mostraban ningún cambio, pero en sus ojos brillaba la incredulidad.

 Caroline no sabía qué tipo de relación tenía él con Mason, pero si sabía quién era este último. Un vampiro encargado de reclutar renegados y ponerlos al servicio de los líderes de la Turva, el Consejo. Solo que esto era un inmenso secreto, pues en las Turvas, o pequeñas células donde se erguían distintas sociedades de vampiros no se vería nada bien, pues los renegados son vampiros que se ha perdido en la sed de sangre, son más fuertes y más veloces pero su espíritu se ha perdido y solo buscan sangre, y eso era algo que podía ocurrirle a cualquier vampiro. Pero este era solo uno de los pequeños secretos del Consejo que cada día era más corrupto a los ojos de Caroline.

 -Eso no es posible- murmuró Damon desde su nueva posición.

 -Lo es, fue él quien ordenó la destrucción del lugar donde nos conocimos y el incendio del taller de coches. Dentro de un par de horas Mason y uno de los líderes del Consejo mantendrán una conversación sobre cuál será su próximo paso y la ineficacia de sus tropas.

 -Mason no me atacaría jamás.-gruñó Damon, la ira estaba reflejada en sus tintineantes ojos dorados.

 -No creo que sepa que sus ataques van dirigidos hacia ti, de hecho creo que ni siquiera sabe que es lo que está tratando de impedir.

 -Me estás diciendo que no sabe a quién se enfrenta y aún así manda a sus tropas, eso no me lo creo.- dijo Damon, su enfado era crecía por momentos.

 -Te estoy diciendo que es verdad, por qué iba a mentirte- gritó Caroline exasperada- te he dicho que no te iba a gustar la repuesta, si no me crees por qué te molestas en preguntar.

 En ese momento Damon la agarró del brazo con más fuerza de la necesaria y la atrajo hacia sí.

 -Él es un hombre inteligente, no un estúpido que dice a todo que sí. Sus tropas serán todo lo reprochables que tú quieras, pero han ayudado a mantenernos a salvo en numerosas ocasiones y Mason no aceptaría un encargo a ciegas.

 -Le amenazan con algo llamado Rubí, no sé qué es lo que significa para él porque viene de su pasado. Pero todo lo que he dicho es verdad-dijo Caroline, ya no sabía que más decirle, intentaba seguir el hilo de la visión pero era muy difícil, no había nada claro con lo que podía pasar después de que informaran a Mason de que "protegerían" a su Rubí.

 La frustración se apoderó de ella y eso la llevó a empujar a Damon, quien la agarró de ambos brazos y la estrechó más contra su fornido cuerpo.

 -Rubí es su hija- susurró Damon.

 Al levantar la vista Caroline vio en sus ojos un gran pesar. Queriendolo borrar pero sin saber cómo, colocó una mano en su cara. Al instante un calor intenso le recorrió el cuerpo. Damon apoyó la frente sobre la suya y se inclinó hasta que sus labios se rozaron. Caroline no quería romper la ternura del momento pero se puso de puntillas y le beso con ardor. La repuesta de ambos fue instintiva, Damon la apretó contra  su cuerpo, mientras enterraba los dedos en su pelo. Caroline sintió como él la agarraba por los muslos, levantándola del suelo y le rodeo la cintura con las piernas. Él la sentó encima de la mesa y la fuente que se encontraba en ella cayó al suelo y fue sustituida por el cuerpo de Caroline, quien había empezado a mordisquearle el cuello a Damon. La pasión se desató entre ellos y de lo siguiente de lo que Caroline fue consciente era de que ninguno de los dos llevaba camiseta. Entonces Damon descendió con una mano por su cuerpo hasta llegar a su cintura y se paró allí donde en la piel de Carolina reposaba una marca, con un intricado dibujo que a simple vista parecía un tatuaje. Y la magia del momento se esfumó.

 Caroline se removió debajo de él intentando poner distancia entre ambos y Damon apartó la mano de su cuerpo como si se hubiese quemado. Desde luego él había reconocido la marca.

 -No es posible. Te esclavizaron.-susurró Damon no fue una pregunta sino una afirmación por lo que no recibió respuesta alguna y entre ellos volvió a caer el silencio.

sábado, 30 de junio de 2012

Capítulo 9: Cristal.

 Dante cerró la puerta tras de sí, y se sintió aliviado al comprobar que la habitación no era tan blanca como la anterior, o al menos como lo había sido la anterior antes de que las muchachas decidieran destrozarla.
Esta era una habitación muy amplia con las paredes de un color crema. La entrada era algo muy parecido a una pequeña salita de té, con una diminuta mesa central y dos estrechos sofás a cada lado. En un lateral se hallaba un arco con una puerta metálica de rizo, que Dante consideró que era más adecuada para un jardín que para un dormitorio, cerrada. Entre los huecos del rizo se podía ver una inmensa cama cuyo cabecero de madera tenía intricados dibujos y grabados que le hicieron abrir los ojos como platos, a su impresionable compañera le hubiese gustado. Sonrió sin poder evitarlo y se permitió imaginar sus suaves facciones japonesas rebosantes de ilusión, pero solo fue un instante pues enseguida recordó que ese día la dejaría sola y no le gustaba esa perspectiva, mucho menos sabiendo que ella estaba embarazada y en su último mes de gestación, lo que lo ponía verdaderamente nervioso.

 Abrió la puerta y se adentró en la estancia buscando a la pequeña, a la cual tenía que interrogar. Para su disgusto la encontró acurrucada en la esquina opuesta a la cama, entre un montón de cojines rojos y negros, mientras se retorcía y se abrazaba al único cojín blanco que había. Tenía la piel empañada de sudor y había apoyado la cabeza en la rodillas, de modo que su melena le tapaba casi toda la cara, pero lo que más le sorprendió a Dante fue que aunque sumida en su evidente dolor la muchacha no emitía ni un solo ruido.

 Él no supo cómo reaccionar, quería acercase a ella para averiguar que le pasaba, pero ella no había advertido su presencia y tal vez se asustase al verle, cosa que era lo último que quería. Sin embargo, al instante lo dominó un instinto protector que lo obligó a arrodillarse junto a ella y apartarle un mechón negro caoba  de la cara. La muchacha alzó la cabeza y lo miró sin rastro de miedo, pero la angustia que encontró en sus grandes ojos azules le atravesó el pecho. Nada en ella reflejaba tan bien su dolor como las profundidades de sus ojos, que parecían tener un efecto hipnótico en Dante.

 -¿Qué te pasa?- preguntó con voz ronca, apenas consciente de que era él quien pronunciaba aquellas palabras.

 -Estoy bien- respondió ella en un susurro quejumbroso-...o al menos sé que lo estaré, en breve.-fue una promesa, o al menos Dante se lo tomó como tal. 

 Su mano descendió lentamente por su mandíbula marfileña y rozó con toda la suavidad que pudo los labios enrojecidos de la pequeña, mientras sus yemas memorizaban la sensación de su contacto. Su piel ardía como si de fuego se tratase por lo que Dante dedujo que tenía fiebre. Levantó su pequeño y ligero cuerpo, la acomodó entre sus brazos y la llevó hasta la cama, dónde la depositó con toda la delicadeza que le fue posible y soltó el aire que inconscientemente había retenido en sus pulmones. La contempló durante unos instantes, admirando la quietud de la muchacha que volvía a estar tan silenciosa como la había encontrado. Se sentó a su lado y esperó a que cumpliera su promesa.

 Después de dos horas mirando la pared a la espera de que Cristal reaccionara Dante empezaba a perder la paciencia. Había hecho una lista de cosas que debía preguntarle, pero aún no sabía por dónde empezar.

 Una mano se posó en su brazo, cálida y suave, pero el contacto hizo que le recorriera un escalofrió. No se movió, esperó hasta comprender que ella no haría ni diría nada más. Giró la cabeza hacia ella y la miró expectante, su cuerpo aun le daba una apariencia frágil, tanto que parecía a punto de romperse en mil pedazos con la más leve presión, pero sus ojos solo mostraban fortaleza y le decían que estaba preparada y alerta para ser sometida a cualquier tipo de interrogatorio. Dante se inquietó, no esperaba encontrarla a la defensiva después de lo ocurrido.

 -Ya estás bien-no  era una pregunta y por lo tanto ella no contestó- ¿Qué te pasaba?

 Ella se limitó a mirarlo sin ningún tipo de emoción en la cara, parecía como si no hubiese entendido sus palabras, pero eso no le importara y tenía la expresión sincera de un niño que contemplaba todo por primera vez. Resignado Dante decidió centrarse en el motivo por el que ambos se encontraban allí.

 -¿Por qué estabas en el taller a esas horas de la noche?- preguntó con la suficiente firmeza en su voz como para hacerle saber que no aceptaría su silencio como respuesta.

 -Iba a casa de Caroline-respondió Cristal sin cambiar su expresión.

 Dante no sabía por qué pero la creía, era totalmente ridículo, el taller estaba lo suficientemente alejado de la ciudad como para que muy pocos se atrevieran a pasar por allí y mucho menos estando solos. Las casas habitadas empezaban a una distancia considerablemente lejos. Se sintió estúpido al creerla solo porque la expresión sincera de su rostro no había variado en ningún momento.

 -¿Por qué elegiste ese camino?- preguntó lo suficientemente irritado como para recordarse así mismo que la chica no había hecho nada para que él perdiera los estribos. 

 -Porque por allí casi no pasa gente.-la simpleza de su respuesta lo impactó, ¿acaso la muchacha temía que la reconocieran? arqueó una ceja dorada.

 -¿Quién eres?-preguntó muy serio.

 Ella inclinó la cabeza y parpadeó varias veces antes de retirar su mano del brazo de Dante y colocarla junto al edredón. Dante por su parte seguía minuciosamente cada uno de sus movimientos. Cristal paseó la vista por la habitación pero era obvio que no le estaba prestando ninguna atención al decorado, Dante entendió que simplemente trataba de reorganizar sus ideas y cuando terminó, bruscamente giró la cabeza en su dirección y lo sometió a un largo escrutinio.

 -Para los vampiros que os apoyan, a Damon y a ti, soy un arma o una especie de ordenador muy valioso, para Caroline y Alison soy su hermana, para el Círculo un problema y para ti una desconocida-respondió Cristal con calma y voz pausada-... pero yo solo soy yo, Cristal Laurent.- terminó y esperó en silencio a la siguiente pregunta.

 Dante comprendió entonces que la chica estaba haciendo un gran esfuerzo por ser totalmente sincera en sus respuestas y no pudo evitar preguntarse por qué.

 -¿Cómo sabes quienes son los vampiros que nos apoyan a Damon y a mí?-era solo una de las miles de preguntas que se habían acumulado en su cabeza, después de la estrafalaria respuesta que le había dado a una pregunta que él había catalogado como simple.

 -Tal y como sé porque tienes una cicatriz va desde tu hombro izquierdo hasta el final de tu columna, como sé que conociste a Damon dos años antes de que este asesinase a su madre y todo lo que ha ocurrido en tu vida desde el momento en que dijiste tu primera palabra hasta ahora, porque lo vi.

 Su mirada se había quedado totalmente vacía, mientras que sus palabras dejaron tan atónito a Dante que se creyó fuera de sí, en su cabeza bullían miles de preguntas y la apremiante necesidad de encontrar respuesta. Sí su hermana era la mitad de misteriosa que ella no era de extrañar que Damon estuviera tan interesado en ella. Al recordarlo lo abordó deber de defender a su amigo. 

 -Damon no...

 -Lo sé- acortó ella tajante- lo he visto desde sus ojos y desde los tuyos, a mi no tienes que decirme que no fue culpa suya... aunque quizá a él sí.

 -Ves el pasado.-fue lo único que se le ocurrió decir, su mente era un hervidero de ideas que no lograba poner en orden y le costó más de lo que pensaba elegir la siguiente pregunta-¿Por eso estabas así cuando te encontré?- solo recibió silencio ante esa pregunta, de pronto se le ocurrió algo que antes había pasado por alto- ¿Ver el pasado duele?-le sorprendió oírse preguntando aquello.

 Esta vez Cristal decidió dejarse caer lentamente contra el cabecero de la cama y cerró los ojos antes de contestar a su pregunta.

 -Esta noche he conocido a cinco vampiros, tú has vivido 365 años y eres el segundo más joven-hizo una pausa para coger aire y volvió a abrir los ojos- añádele ahora a mis dos hermanas, 7 vidas, son muchas vidas.    

miércoles, 27 de junio de 2012

Capítulo 8: Hermanas.

 Habían llegado a la central del Círculo cuando Damon se fijó en que la muchacha que aun tenía entre sus brazos había adoptado una expresión de burla, mientras la que debía de ser su hermana pequeña se encogía de hombros, esto le hizo entre cerrar los ojos, pero prefirió no hacer ningún comentario. Recompuso su expresión y siguió a los demás en silencio, mientras trataba de recordar el nombre de su prisionera. No le llevó mucho tiempo, Caroline, así se llamaba. Frunció el entrecejo y deseó poder apartarla de todos el tiempo suficiente como para acabar con su interrogatorio, pero sabía que no era el momento adecuado.

 Sin encontrarse con nadie por los pasillos, llegaron hasta una sala con puertas correderas de cristal. Entraron en ella y Damon se incomodó un poco al percatarse de lo inusual  de la habitación, todo era blanco. En el centro se encontraba una mesa larga con un tablero de cristal blanco mate, rodeada de sillas del mismo color. Las baldosas del suelo, las paredes y el techo no variaban ni siquiera en las tonalidades. Lo único que era diferente era una roja cafetera eléctrica y un dispensador de agua azul que estaban situados encima de un pequeño mueble blanco, ¡cómo no!, el cual se encontraba en la esquina derecha de la habitación. Dante a su lado siseó. A Damon no le extrañaba, la estancia en sí le ponía los pelos de punta.

 -Ulrik, ve a buscar a Luca- dijo Erin al vampiro que no hacía mucho se había revelado contra sus ordenes, lo que le hizo merecedor de una dura mira de reproche de este, pero aunque inconforme Ulrik obedeció y se marchó en busca de su compañero.

 Cerró la puerta tras él, Damon hizo un pequeño gesto con la cabeza apenas perceptible para que Dante se colocara a su lado. La mesa parecía ser una frontera entre ellos. Los integrantes Círculo los examinában con atención desde el lateral de la mesa más alejado de la puerta, Erin mantenía a su compañera a su espalda en señal protectora y el vampiro que se encontraba a su lado que era alto, con el pelo negro y lo ojos verdes, mantenía una expresión inescrutable. A la cabeza de la mesa, la menor de las hermanas de su prisionera se agarraba con tanta fuerza al respaldo de la silla que sus nudillos empezaban a ponerse tan blancos como aquella habitación, mientras clavaba su mirada en el centro de la mesa como si pudiera atravesarla, Damon notó la agitación en el pequeño cuerpo de Caroline al ver a su hermana así y se preguntó que le estaría ocurriendo pero guardo silencio.

 -¿Qué quieres de Caroline?-preguntó Erin rompiendo el silencio, Damon sintió como Caroline se tensaba a su espalda y tuvo la sensación de que algo en aquella pregunta le molestaba, frunció el ceño.

 -Eso no tiene nada que ver con nuestra oferta de una alianza y mi prioridad es esa- respondió Damon cortante.

 -¡Pues mi prioridad es sacar a mi hermana del problema en el que la has metido¡- dijo con solemnidad la mayor de las hermana.

 Damon iba a contestar pero un repentino escalofrío que le subió por la espalda se lo impidió.

 -Yo no recuerdo haberte pedido ayuda- siseó Caroline apretando los dientes en un intento por dominar su ira, Damon se sintió ampliamente desconcertado, no entendía porque ella había reaccionado así, después de todo su hermana solo trataba de defenderla.
         
 -Yo tampoco te pedí ayuda para salir del edificio y allí estabas- replicó la pequeña pelirroja con inmenso fervor. La bombilla de la lámpara empezó a parpadear, Damon paseó la mirada por la habitación y a su pesar comprendió que Dante era el único que parecía tan desconcertado como él, los otros dos vampiros mantenían una expresión estoica y la pequeña de las hermanas, que parecía palidecer cada vez más, seguía aferrándose a la silla como si su vida dependiera de ello totalmente absorta en sus pensamientos.

 - ¿Insinúas que la próxima vez querrás que te deje morir?-estalló Caroline.

 Súbitamente la cafetera estalló soltando chispas por la habitación al mismo tiempo que el dispensador de agua se congelaba, la escarcha se acumulaba en las esquinas, los cristales de las puestas se agrietaban y una gran cantidad de corriente eléctrica recorría las paredes mientras la bombilla parpadeaba luchando por no estallar tal como lo había hecho la cafetera. De pronto, un estruendoso silbido proveniente de la cabecera de la mesa  llegó a sus oídos llamando la atención de todos y provocando una abrupta e inesperada calma.

 Las miradas de todos los presentes se clavaron en los serenos ojos azules de la morena que todavía se agarraba con una mano a la silla.
  
 -¡Basta!- susurró con voz algo ronca por el desuso- Coincido con sus prioridades-continuó mirando directamente a Damon, quien no salía de su asombro- así que dejad que se centren en la alianza y resolved  vuestras diferencias cuando estéis solas.

 Inmediatamente ambas hermanas se sentaron cada una en su asiento, justo enfrente la una de la otra y al mismo tiempo desviaron la vista hacia distintas esquinas del cuarto, rehusando la mirada de la pequeña. Damon no lograba comprender el comportamiento de las tres hermanas, paseó la mirada por los destrozos de la habitación, tal y como hacían los demás, y se forzó a recuperar una expresión adusta.

 -Erin, los dos sabemos que esta alianza es necesaria para acabar con el Antiguo y que yo sepa ese es el actual objetivo del Círculo-repuso Damon de forma serena.

 -Sí, ese es nuestro objetivo, pero es evidente que no todos los líderes de la Turva están interesados en esta causa, hace poco averiguamos por qué, y no sé hasta qué punto puede ser bueno o malo aliarse con el enemigo.-bramó Erin muy serio forzándose a dejar atrás la confusión que había provocado las muchachas.

 Damon tragó saliva, él no sabía el por qué, pero tampoco veía motivo para darle esa información a Erin tal vez Caroline podría decírselo cuando él tuviera ocasión de preguntárselo. 

 -No todos los líderes, sino yo no estaría aquí y si te acercas a ellos tal vez puedas averiguar cueles serán sus próximos pasos. Necesitáis la información que os podemos ofrecer o vas a negar que...

 Abruptamente fue interrumpido por el estruendo de la ruptura de la mesa de cristal, el repentino frío la había hecho romper en mil pedazos que ahora se esparcían por el suelo blanco cayendo a los pies de todos ellos. De inmediato todos los barones buscaron señales de pelea o agitación entre las hermanas para averiguar que había vuelto a provocar la ira de Caroline y se quedaron atónitos al no encontrarlas. Damon no entendía lo que ocurría y eso lo inquietaba. Las otras dos hermanas miraban a Caroline expectantes como si esperaran una explicación, sin ninguna clase de rabia en la mirada, lo que todavía lo sumió más en la confusión.

 -¿Qué has visto?- preguntó Cristal rompiendo el silencio con apenas un susurro, pues no parecía tener fuerzas para elevar más la voz.

 En ese momento la comprensión se dibujó en el rostro de Damon que acababa de entender que lo que enfurecía tanto a su pequeña prisionera aún no había pasado, y eso lo dejó consternado sabiendo que no podría saber lo que la enfadaba hasta que pasara o ella lo contara.

 -Van forjar esta alianza-sentenció Caroline con el cuerpo en tensión y la mirada clavada en Cristal- pero a cambio de eso y gracias a nuestra querida hermana Alison, que parece incapaz de quedarse callada, tú y yo nos quedamos aquí reclutadas hasta nueva orden.

 -Tú eres mi prisionera-dijo Damon mostrándose del todo inflexible.

 Caroline giró lentamente la cabeza y la levantó para mirarle a la cara, cosa que debió de resultarle muy difícil porque aún permanecía sentada, y lo fulminó con la mirada.

 -Da la casualidad de que ya se hecho de día- dijo fríamente Caroline- así que tanto tú como tu amigo os quedáis aquí y como tú demuestras ser muy testarudo Cristal va a pasarse el día en una habitación con Dante y yo en otra contigo, sometidas a dos interrogatorios diferentes.

 Atónito Damon tuvo que reconocer que la idea no le desagradaba en absoluto, conseguiría todo lo que quería la alianza y saciar su curiosidad. Y comprendió también el por qué de la ruptura de la mesa, había vuelto a limitar su libertad.

 -¿Conforme con eso?-preguntó Erin al parecer respaldándola como una opción aceptable.

 Damon se relajó comprendiendo que le había convencido y asintió con la cabeza.  

miércoles, 23 de mayo de 2012

Asustada y decidida

 Evelyn observaba el lago desde unas rocas, sin importarle que su hermoso vestido blanco decorado únicamente con una rosa plateada en el costado se ensuciase. En realidad, tenía la sensación de que ya nada le importaba. Sabía que las circunstancias que la habían llevado hasta lo más inhóspito de la soledad habían sido tan culpa de ella como de los que no habían hecho nada por evitarlas, pero en aquella tranquila noche de verano ya no importaba de quien había sido la culpa.

 Un viento cálido agitó sus suaves cabellos de ébano invitándola a descargar su pena. Pero Evelyn no dejaría que sus castaños ojos derramaran las lágrimas que tan febrilmente pugnaban por salir.

 Recorrió el lago con la mirada, en el agua cristalina se reflejaban la luz de la luna y las estrellas, además de las sombras de los árboles que la rodeaban. la angustia se ancló en su corazón, pues tras esa imagen encontró los recuerdos de lo que había perdido.

 Ángel la creía capaz de dejarlo matar. La había creído capaz. Dejó escapar un descorazonador gemido de dolor de forma inconsciente, la sola idea la torturaba. Habría preferido la muerte antes de decir la verdad sobre lo ocurrido sabiendo que lo condenarían a él. De todas formas el exilio por callar no sería lo peor que había tenido que soportar. Pero lo que verdaderamente desgarraba su alma  era que Ángel no había sido el único que había pensado que lo haría ejecutar, sino que también todas aquellas personas a las que ella quería, que se suponía que la conocían, ni siquiera su madre. Su propia madre la veía capaz de cometer una crueldad como aquella. El dolor las estaba consumiendo mientras Evelyn luchaba por no llorar, tal y como se había prometido.

 Ahora se encontraba sola. Ángel había luchado por una causa justa, había vencido a la adversidad, había logrado su propósito... y el precio lo había tenido que pagar ella, pero no se arrepentía, sabía que si pudiese volver atrás en el tiempo volvería a tomar la misma decisión. Las lágrimas surgieron en ese instante cubriendo su rostros porque ya no podía reprimirlas más.

 Llorando todavía, se quitó los zapatos color plata, que aunque algo gastados por el uso la había llevado hasta allí protegiendo sus pies del pedregoso camino. Recordó que la primera vez que los había visto había pensado que eran dignos de una princesa y casi sonrió, pero no lo hizo porque también recordó por qué se había puesto tan elegante el día de su exilio y el dolor fue tan intenso que Evelyn creyó que moriría en ese momento. Cogió de nuevo los zapatos y los lazó con toda su fuerza contra el árbol más cercano. El rápido movimiento la hizo perder el equilibrio, lo que la obligó a aferrarse con fuerza a la roca para no caer, y sus manos se llenaron de rasguños que comenzaron a sangrar y la hicieron resbalar.

 Se dio un buen golpe contra el duro suelo pero ella apenas sintió las magulladuras de su cuerpo pues no existía daño alguno que pudiese compararse con su pena.

 Miró aquellas aguas cristalinas que le habían proporcionado tanto consuelo en su niñez y su instinto le llevó a adentrarse en ellas. El frío recorrió su cuerpo al primer contacto con el agua pero no se dejó amedrentar por ello, continuó andando hasta que el agua le llegó a la altura del costado mojando a medias la rosa plateada. Inspiró profundamente, contemplando como parte de sus cabellos flotaban en el agua acompañados de la copa de su blanco vestido, justo antes de comenzar a nadar hacia el lugar donde sabía que el agua la cubriría con creces.

 Le fue más difícil de lo que pensaba a causa del vestido pero lo logró y al encontrarse en ese punto del lago, se preguntó por qué se habría esforzado tanto por llegar hasta allí, solo había seguido el impulso del momento. Cerró los ojos todavía anegados en lágrimas que desde hacia un rato no había dejado de derramar y confundida, sin entender por qué, decidió hacer lo que le dictaba su corazón.Se sumergió en el  agua esperando poder llegar al fondo del lago.

 Sintió como el agua la envolvía por completo tal y como sentía que las sombras se cernían sobre ella. Dejó el cuerpo laxo y disfrutó de la sensación de hallarse en un lugar en el que solo se encontraba ella, sostenida únicamente por la fuerza de las aguas que la abrazaban. Flotaba en un espacio donde sus lágrimas no se veían y donde la soledad junto con el vacío eran tan naturales que la hacían sentirse cómoda y segura. Abrió los ojos debajo del agua y se dio cuenta de que a pesar de todo quería vivir, pero había tenido que ir hasta allí para encontrar algo de paz y poder así pensar.

 Decidió salir a la superficie y cuando llegó descubrió que su necesidad de oxigeno era más exagerada de lo que había previsto, y en ese momento se preguntó cuanto tiempo había estado debajo del agua. No lo sabía
pero la cabeza empezaba a darle vueltas y ella no sabía como iba a llegar a la orilla. Se asustó había decidido vivir y se encontraba con las puertas de la muerte, lo que le pareció retorcidamente irónico, pero no se rendiría tan fácilmente, y cuando luchaba desesperada por llegar a la orilla mientras aun conservara la conciencia le pareció oír que alguien gritaba su nombre.

 Se dio la vuelta y más confundida todavía, vio a Ángel nadando hacia ella gritando su nombre mientras ella volvía a hundirse, reaccionó tratando sin mucho éxito mantener la cabeza en la superficie. Pensó que su mente le había jugado una mala pasada y que no podría salir de allí nunca más, volvía a hundirse lentamente en las profundas aguas de su lago favorito pero esta vez para decirle adiós al mundo pues ya no le quedaban fuerzas para seguir luchando.

 De pronto algo la agarró por el brazo, sacándola a la superficie, esperanzada a la vez que contrita, trató de expulsar todo el agua que se acumulaba en sus pulmones, tosió y cogió todo el aire que le fue posible en el pecho, tratando de llenar su necesidad de oxígeno, pero no era suficiente, la cabeza le daba vueltas y amenazaba con dejarla inconsciente en cualquier momento. Tardó mucho en comprender que la estaban arrastrando hacia la orilla, pero cuando lo hizo se tranquilizó un poco y se dejó llevar.

 En cuanto tocaron tierra se permitió recorrer con la mirada el rostro de su salvador y se quedó atónita al comprobar que se trataba de Ángel. Perdida en la gran cantidad de sentimientos encontrados y el hecho de su cuerpo estaba empezando con dejar de responderle creyó que o bien había muerto en el lago o bien estaba soñando. Pero él la abrazó y el calor de su cuerpo fue tan intenso e inesperado que supo que debía de ser real.

 -¿Te has vuelto loca? ¿En qué estabas pensando? ¿Qué intentabas hacer metiéndote en el lago?

 Evelyn lo miró desconcertada, intentó responder a sus preguntas pero un dolor punzante atravesaba su pecho impidiéndole articular palabra. Se aferró a su cuello y se dejó envolver en su abrazó, consciente de que pronto perdería la consciencia. No sabía que hacía él allí, pero se deleitaría pensando que la había estado buscando. Sabía que no era así ya que él la odiaba por los crímenes que su familia había cometido contra la suya, pero decidió que por una vez podía permitirse soñar.

Angie.