jueves, 19 de noviembre de 2015

Desmentiras II

Una habitación sin ventanas ni puertas, a oscuras. Los demonios se rían de él entre los escombros. Un grito. Se encontraba en la biblioteca que tanto recordaba, pero los papeles volaban por todas partes, y el amargo sabor de la traición no desaparecía de su boca. Al fondo estaba Tarah, pero ya no sonreía como siempre al verle, tan solo lloraba. Desesperado corrió para consolarla, pero entre sus brazos sus heridas se abrieron y todo volvió a llenarse de sangre en el Gran Salón. La baldosa blanca y fría se cubrió de carmesí rojo, vibrante, efímero. Cuanto más quería ayudarla más daño le hacía y más placer sentía. Rugió. Una risa desdeñosa atravesó el páramo en el que se encontraba solo. Respiraba con agitación y solo escuchaba el susurro de su voz "Quieres hacerme culpable de tus pecados, cuando lo único que he hecho ha sido amarte". Mentiras, que se mezclaban con medias verdades. Las llamas recorrían el círculo y el canto de su despertar se oía cada vez más alto, hasta que resultó doloroso. Y entonces, despertó de su sueño gritando.

Darren gritó hasta que no le quedó aire en pulmones y se lamentó una vez más. Continuaba arrodillado en el bosque, temblando. El sol brillaba en el horizonte dejando al descubierto su vergüenza. Le había sido imposible no quedarse prendado de la belleza de Zulema, con su espectacular melena rojiza y su intensa sensualidad. Lo había engatusado como a un niño. Había conseguido ponerlo en contra de sus mayores, y ellos no había tardado en repudiarlo, igual que ahora lo hacía él. Ni si quiera Tarah había sido capaz de abrirle los ojos. Obcecado, había caído en su trampa, había roto las reglas y el corazón de Tarah; más que eso, había acabado con ella. Por si fuera poco, aquella noche había vuelto a humillarse al pedirle ayuda a Zulema, y esperar de verdad que hiciera algo por él.

Mordió su mano y se arrancó la piel, hasta que la sangre brotó a borbotones. Empezó a dibujar en el suelo el emblema del espíritu guía, y recitó las palabras de aquellos viejos pergaminos que le habían obligado a aprender. No ocurrió nada. Volvió a repetirlo dos veces más y siguió sin ocurrir nada. Enfadado arrancó un árbol y lo lanzó contra el siguiente derribándolo. Pero su arranque de ira no lo ayudó.

Continuó intentándolo con esmero, pero no fue hasta el alba cuando consiguió algún resultado. Frente a sus ojos creció una luminosa luz azulada. Nacida de entre las llamas del infierno, que tomó forma de águila, y después de unos segundos en los que se mostró en todo su esplendor, se inclinó ante él lista para servirle. Intentó incorporarse pero había perdido demasiada sangre y cayó al suelo. Incluso para un inmortal como él la sangre era algo imprescindible.
 
Entonces escuchó la risa estridente de un hombre a su espalda y trató de retroceder cauteloso.

-¿Todo el día aquí para traer a la vida un simple espíritu guía? Me esperaba algo más original.-Comentó aquella voz socarrona.

Darren buscó entre la oscuridad la localización de aquel sujeto que se burlaba de él. Pero no encontró más que un cuervo, con los ojos tan negros como su plumaje, que no se perdía ninguno de sus movimientos.

-¿Quién eres?- preguntó con voz ronca y desgastada por el desuso.

-¡Vaya! ¡Has conseguido encontrarme a la primera! Quizá no seas tan inútil.

El cuervo alzó el vuelo, y para su asombro, dejó de ser un ave para adquirir la presencia humana de un hombre alto, con el pelo largo y castaño algo revuelto. Era musculoso y lo miraba con ojos divertidos. Parecía satisfecho mirándolo desde su posición erguida, mientras él continuaba tirado en el suelo.

-Como si tú hubieras sido mucho mejor al principio.- los alarmó una voz femenina que provenía del noroeste del bosque haciendo que ambos se giraran para ver a su interlocutora.

Darren pudo ver a una mujer alta, con generosas curvas y una piel muy morena. El cabello rizado castaño claro, le caía despreocupadamente hasta la mitad de la espalda. Sonreía y el brillo de  la diversión florecía en sus ojos marrones. Inesperadamente, Darren pensó que su piel parecía tierna y blanda. La odio al instante, por su sensualidad y su interesante belleza. Le recordaba demasiado a Zulema. No dejaría que nadie más jugase con él de esa manera.

-¿Qué haces aquí Clara?- preguntó el cuervo, habiendo perdido todo rastro de satisfacción en su rostro. Su expresión era seria y estaba alerta.

 -¡Oh! ¿Así me saludas? Vas a herir mis sentimientos- replicó la morena con fingido desazón, llevándose la manos al pecho y parpadeando un par de veces más de lo necesario.

-¿Qué haces aquí?

-Clara.- Completó ella-. Te faltó decir mi nombre para repetir exactamente la misma pregunta de antes-. Se burló muy tranquila jugando con él, a pesar de que se veía que el cuervo estaba a punto de perder la paciencia.- ¡Ay! Míralo se ha enfadado, es como un niño-. Dijo como si le estuviera contando alguna peculiar confidencia, y soltando una pequeña risita.

-¿No me estarás siguiendo?

La mujer rió con más ganas.

-No, eso es lo que sueles hacer tú conmigo.

-Entonces ¿POR-QUÉ-ESTÁS-AQUÍ?- Arrastró tanto las palabras que llegaron a parecer monosílabos de una sola.

-Por lo mismo que tú- respondió con aquella sonrisa falsa que no desaparecía de su boca-. No eres el único, que quiere conocer al nuevo catecúmeno de la inmortalidad.- Explicó mientras se acercaba con sinuosos andares de atleta.

-¿Quieres algo de él?- preguntó entre sorprendido y celoso, echándole una mirada despectiva a Darren que continuaba tirado en el suelo, sin comprender lo que estaba pasando.

-No, solo vengo a observar, por ahora ¡Oh! ¡Pero qué pajarito más lindo!-. Exclamó acariciando con la yema de los dedos al espíritu guía que Darren había invocado.

-¿No lo habías visto?- Preguntó el cuervo sorprendido.

La mujer se puso algo tensa.

-No todos tenemos una visión tan perfecta como la tuya.-Replicó sin apartar la vista del águila.

-¿Es eso, Clara? ¿O es que has participado en algún ritual que arruine parte de tus sentidos?

La mujer se volvió para mirarle, su sonrisa se hizo más amplia, y a su vez más aterradora.

-No te importa. Pero, ya que estamos los dos aquí, vamos a hacer una apuesta.- Tiró el guante mientras en su cara se dibujaba el triunfo.

-¿Una apuesta?

-Sí, algo para que puedas resarcir el fiasco de la última vez. Para que me demuestres que has dejado de ser un perdedor. Si puedes, claro.

-¿Y qué es lo que apostamos?- preguntó tenso.

-Paso a paso, primero establezcamos en qué consiste la apuesta. Para ganar tendrás que conseguir que el chico llegue sano y salvo a la Cueva de las Animas, en menos de siete días.

-¿Y eso por qué? ¿Qué ganas tú con eso?

-No mucho, simplemente aprovecho la ocasión-. Su postura parecía relajada y despreocupada, pero Darren no se dejó engañar por su pose, y vio tan bien como el cuervo que había alguna razón oculta que ella no estaba dispuesta a compartir.- Si pierdes vas tener que volver a someterte a mí, durante el mismo tiempo que tardes en llegar a la Cueva, multiplicado por siete.

-¿Y si gano?

Clara sonrió perversa.

-Tendrás lo que quisiste la última vez.

El cuervo abrió mucho los ojos sorprendido y tragó saliva, haciendo bastante ruido.

-Acepto.

La mujer se dio la vuelta y desapareció entre las sombras, riendo entre dientes. Entonces el cuervo se volvió hacia Darren y cogiéndolo por la camisa lo levantó sin esfuerzo.

-¿Qué haces?- preguntó este sorprendido.

-No lo has oído, tenemos un largo camino y una apuesta por ganar.

-Yo no voy a ninguna parte contigo- graznó ofendido soltándose de su agarre.

-Yo creo que sí.-Afirmó con una sonrisa de medio lado, que lucía peligrosa. -No llegarás muy lejos tú solo. Eres un novato y casi te has desangrado para invocar un espíritu guía, no durarías ni dos días. Pero para tú suerte ahora tenemos un objetivo en común. Yo quiero ganar una apuesta y tú quieres salvar a tu amiguita.

-¿Cómo sabes lo de Tarah?- preguntó exaltado.

-Bromeas, al alma de esa chica vibra gritando su pena con tanta fuerza que no quiero ni imaginar a qué clase de criaturas está atrayendo.

La noticia golpeó con tanta fuerza a Darren que trastabilló y por poco perdió el equilibrio.

-¿Qué ganas tú con esto?- aventuró cansado.

El cuervo perdió la sonrisa y por un segundo pareció tan cansado como él.

-A ella.-Respondió escueto.- Ahora dile a ese águila que nos lleve hasta Tans-Grem.

-Pero eso está en el este-. Comentó confuso.

-Versado en geografía ¡Cuanto me alegro!- Se burló.- No vamos a ir a pie hasta la Cueva de las Animas, no lo has oído tenemos 7 días como fecha límite.

-¿Entonces cómo?

-Con magia negra.

-¿Sabes utilizarla?- preguntó Darren estupefacto.

-Sí supiera ¿Te parece que estaría aquí, perdiendo el tiempo con neófito como tú en medio del bosque?- Preguntó con ironía-. Pero alguien me debe un par de favores.

Darren caviló sobre los hechos sucedidos recientemente, y decidió que lo mejor era dejarse llevar por la marea. Teniendo en cuenta su situación, no era como si tuviera muchas más opciones.

-A Tans-Grem.- le susurró al águila flameante, y los dos empezaron a seguirla.

-Una cosa más novato.- Llamó su atención el cuervo mientras caminaba delante de él.-. Vamos a ir a casa de Nisgard un gran brujo. Cuando lleguemos allí, verás a una chica muy frágil. Es la mujer de Nisgard. No la mires directamente a los ojos, y por nada del mundo vayas a acercarte a ella más de lo necesario.

-¿Por qué?- preguntó intrigado mientras con su camisa hacía una venda improvisada para la mano.

-Te tendrá miedo. Esa chica se pone a temblar delante de un conejo, literalmente. Si no sigues mis instrucciones podría entrar en una crisis nerviosa. Créeme la visto gritar de puro terror por el roce de su padre. El único al que no teme es a su marido. Y no queremos que este se enfade con nosotros.

-¿Qué le ocurrió para llegar a ese extremo?- preguntó conmovido.

-¿Qué no, quién? Nisgard le pasó.- respondió en tono sombrío.- Tampoco menciones a Zulema.

-¿La conoces?

-Nadie conoce a Zulema. No realmente.



Angie

#ElCementerioDeLoFantástico:

Primera Parte del relato: Apertura - Por Emily Broken Rose

Aquí os dejo los enlaces de tres diferente respuesta a nuestra mamá cuervo:

Desmentiras - Por The Crazy Winter

El Iniciado - Por Victoria Prince
El Iniciado II - Por The Crazy Winter

El Maldito - Por Angellica L'Arc en Ciel
El Maldito II - Por Victoria Prince



Ha este fragmento del relato responderá Victoria Prince. Próximamente podréis encontrar la continuación en su blog ¡No os lo perdáis!

jueves, 29 de octubre de 2015

Una noche de invierno

Cae la noche sobre nuestra pequeña ciudad sin nombre, y la locura que la acompaña se apodera de nuestros ciudadanos. 

En la primera casa que observamos, una pareja discute gritos. Enfurecidos, van más allá de los gritos, la mujer comienza a romper cosas, sin razón aparente alguna. Mientras, en su habitación la pequeña Susie, llora angustiada escuchando a sus padres, y solo ruega por un poco de silencio. 

Unas casas más allá, un hombre se ahoga por la imponente presencia del silencio, en un hogar que habituaba estar lleno de risas, y ahora contempla la posibilidad del suicidio. Lo ha perdido todo, su trabajo, sus amigos, su familia, el coche... todo. Solo le queda ya, esa maldita y escalofriante casa. Dónde en cada rincón lo acosa un recuerdo, de todo lo que ya no tiene, y el silencio es su único compañero de cama. Pero todo eso terminará esta noche, en cuanto dispare el arma que tiene entre las manos. Con el estruendo acabará el silencio y su vida.

Un disparo, se escucha tres calles al este, dónde Fredrie Allen se arrepiente de no haber saldado sus deudas de juego, y escapa airoso de un tiroteo. Decide que esa noche todo cambiará, que dejará todo aquel mundillo lleno de perturbaciones, que aunque es divertido, un día el precio de la factura podría ser su vida. Vida, que él tiene toda la intención de volver a llevar por el buen camino. Pero esa determinación, solo dura hasta que dobla la esquina y sus ojos se posan sobre el escote de la hermosa y voluptuosa Marguerie, quién con una sonrisa descarada vuelve a descubrir en él la sucia necesidad de pecar.

Dos manzanas hacía la izquierda, en una pequeña parroquia, un reverendo da vueltas en su cama, desvelado sin saber que hacer. Un terrible pecado le ha sido confesado, pero si alza la voz y acusa al culpable... romperá el secreto de confesión, romperá sus votos. Y tales males, angustian el corazón del pobre señor, que ya ha tenido varios achaques, y nada le asegura que sobrevivirá al siguiente.

Fuera, en la misma calle, una pobre niña descalza,  trata de sobrevivir al hambre y al frío, robando las carteras de los transeúntes.

Al norte, dos rufianes celebran que por fin han conseguido completar su plan del "atraco perfecto" al banco de nuestra pequeña ciudad, perseguida por la locura de la noche.

Nada queda. Solo mencionar una pequeña esquina de la ciudad, donde un niño se divierte relatando lo que hace la gente frente a sus ojos inocentes, tras un telescopio viejo, en su pequeña ciudad, una noche de invierno.

Angie   

lunes, 31 de agosto de 2015

#ProyectoParaDos: Ardiente Oscuridad

"Seven devils all around you
Seven devils in my house
See they were there when 
I woke up this morning
I'll be dead before the day is done"

Seven Devils Florence And Machine

El agua acaricia sus pies desnudos con dulzura, y ella imagina la espuma del mar reposando sobre la arena de una hermosa playa. Todo lleno de colores que ella ya no ve, pero recuerda. Igual que recuerda los ojos oscuros de aquel extranjero que llegó a su mansión una tarde de domingo. La frialdad de sus ojos carentes de emoción y de vida había sido el funesto presagio de advertencia para su familia.

Nunca había visto a su padre tan nervioso, como en el momento en el que se enfrentó a aquel hombre. Sin embargo, tampoco parecía dispuesto darle al misterioso señor asiático lo que le pedía. No, no quería engañarse, no era un señor, ni siquiera un hombre, era un demonio. Por esa razón, esa tarde su vida había cambiado para siempre.

Su madre había gritado al ama de llaves, y les había metido prisa a las criadas para que empacasen todo cuanto pudieran rápidamente. Pero no sirvió de nada, la noche los atrapó, y con ella la desgracia.


Inocentemente, había creído que el resguardo de su cama era un escondite lo bastante bueno para que nadie la encontrara. Ana, la doncella personal de su madre, una mujer de familia gitana, que había sido rebautizada como católica, se había molestado en sacarla de su error. La había  sacado de debajo de la cama y le había entregado un candelabro. Todavía en las noches recuerda el sonido de su voz diciéndole: "Manténgalo encendido señorita, es un candelabro de mi gente y mientras esté encendido la protegerá. No deje que nada lo apague. Ahora tiene que ser valiente. Ataje por los cuartos de las muchachas y huya". 

Le había hecho caso, pero ella nunca lo sabría. Había traspasado cada corredor aferrada al candelabro, sin soltarlo aun cuando la cera caía sobre la fina piel de sus manos desnudas.

Entre las sombras, había visto terribles criaturas moviéndose, deseosas de alcanzar su cuello, pero la tenue luz del candelabro, las había mantenido alejadas, al principio claro. Pero pronto decidieron aventurarse, para verificar cuan poderosa era su protección. Demasiado cerca de su porcelana piel había sentido el roce efímero de las garras que la amenazaban con aterradora virulencia. Era como si a aquellas criaturas les ofendiera que pudiera defenderse de ellas, y en silencio prometieran que lo lamentaría.

Entonces todo había sucedido muy rápido, incluso ahora no era capaz de asimilarlo todo. Empujaron contra su cuerpo a uno de los suyos. Con la suficiente fuerza como para derribarla, convirtiendo, sin ningún remordimiento, a uno de sus camaradas en un sacrificio, para conseguir así que las llamas del candelabro se apagaran. Sin embargo, no les salió bien la jugada. El candelabro cayó a los pies de las pesadas cortinas que solían decorar la mansión, y estas ardieron a tiempo para impedir que la mataran. Tras las cortinas había comenzado a arder todo el corredor, y las llamas pasaban del más rojo escarlata al violeta sin sentido. Las criaturas comenzaron a volverse humo, y sus estrangulados gritos y chirridos, atormentaron sus oídos. Había caído al suelo, llorando desesperada porque cesara el dolor de sus oídos, pero no cesó. 

Recordaba haber sentido algo pringoso y caliente descendiendo por su cuello. Cuando se atrevió a alzar la vista, allí se encontró al demonio, mostrándose ante ella con la más terrorífica de sus apariencias. Su fisionomía había cambiado. Su piel se había vuelto pura fibra negra, y su complexión había aumentado considerablemente. Desbordaba peligrosidad por todas partes, pero en especial llamaba la atención su cola, similar a la un escorpión. Nada quedaba ya del hermoso extranjero asiático que  había atravesado sus puertas. Ella solo pudo reconocerlo por sus ojos, carentes de vida como pozos negros sin fondo, sin emoción, sin alma, sin el odio que ella esperaba encontrar. El mismo fluido volvió caer sobre ella pero esta vez aterrizó en sus ojos. El ardor y escozor la hicieron gritar hasta desgañitarse la voz. Fue entonces, cuando el aguijón la atravesó. El dolor fue intenso e inesperado, pero había creído que ya no importaba, y había considerado aquel el final de sus tormentos, mientras derramaba sus últimas lágrimas.

¡Qué equivocada había estado! Se había despertado dos días después en una camilla de hospital. No recordaba cómo había llegado hasta allí, y nadie se lo supo decir. Pero su pesadilla comenzó en esa cama. Durante seis días se había retorcido en la camilla, histérica por el dolor en el que la envolvía el ponzoñoso veneno adherido a sus venas. Había sido como si le arrancasen la piel a tiras por dentro. Destrozando cada pequeña fibra de su ser y echando sal sobre sus heridas. Tan solo el recuerdo la aterraba.

Ahora estaba ciega en una mansión vacía, sin amigos, ni allegados, ni familia, ni tan si quiera personal de servicio. Tan solo aquel frío lago que mojaba sus pies con sus tranquilas aguas, y un lobo que aullaba a la luna. El demonio se había llevado lo que buscaba de su padre, dejando una masacre a su paso. Lo único que aliviaba un poco sus días de soledad era la presencia de aquel lobo, que la rondaba como si cuidase de ella. Era lamentable, ni siquiera podía pensar en vengarse. En su condición ¿Qué lograría?    

Angie


Este es el inicio del relato para el Proyecto Para Dos de Reivindicando Blogger. El proyecto consiste en escribir por parejas un relato, con 5 palabras que escogidas por sorteo que nos proporcionaron los administradores. Yo utilicé las dos remarcadas en negrita, y mi compañero Epo Zena utilizará las otras tres en el final de este relato que podréis encontrar en su blog, pinchando sobre su nombre. Espero que os guste y que también disfrutéis de los relatos del resto de parejas. 

lunes, 10 de agosto de 2015

#DosCeros: Doncella

«Recoge las rosas, doncella, mientras la flor es nueva y la juventud fresca,
Y recuerda que así se apresura también tu edad». — Ausonio (310 - 395)



Philomena era la chica más hermosa de la zona. Los aldeanos siempre decían que su sonrisa era capaz de deslumbrar al mismo sol. Sus ojos verdes les recordaban al más cuidado de los céspedes. Insólito, era el día que no comparaban su piel con la más fina seda o porcelana. Por supuesto, siempre llevaba su trigueña melena rizada suelta, para que nadie se atreviera a dudar de su belleza.

Paseaba todas las tardes por los grandes jardines públicos recogiendo rosas rojas, siempre con una  gran sonrisa en la boca, dispuesta a atraer todas las miradas. 

Un día la niebla cubrió el pueblo, y Philomena se sintió triste porque los aldeanos no habían salido a admirarla, tal y como solían hacer en los días soleados. Las rosas rojas comenzaron a escocer en sus manos, pues las apretó demasiado. Entonces, alzó la vista y se encontró al Oscuro junto a ella.

Horrorizada escapó. Corrió durante años, huyendo del condenado diablo que la perseguía. Escondiéndose en los más recónditos lugares, alejándose siempre de aquella presencia. Había atraído la mirada equivoca, y pasó sus días lamentándolo.

Llegó así el día en que se cansó de correr. Al mirarse al espejo ya no reconoció a la chiquilla hermosa que recogía rosas. Las arrugas cubrían su piel, sus ojos verdes lucían apagados por los años, y su larga melena había perdido su color. Entonces se enfrentó cara a cara con el  Oscuro que durante tanto tiempo había evitado, y se dejó atrapar por él.

Ese mismo día, Philomena y la Muerte emprendieron su camino hacia el desfiladero.
    

Angie


Este es mi relato para el Proyecto Dos Ceros de Reivindicando Blogger, que consiste en elegir una frase de las propuestas y crear un drabble (lo que biene a ser un relato de entre 100 y 499 palabras) con ella. Yo elegí la resaltada al principio del texto. Espero que os guste y que también disfrutéis de los drabbles de mis compañeros. 


lunes, 27 de julio de 2015

El Maldito


No recordaba cómo había llegado a aquella posada. El camino lo habían creado sus pies, con el único fin en su mente de alejase de todo. Paradójico, él quería estar solo, e involuntariamente terminaba sumergiéndose en la civilización. Como una presa que no puede evitar caer en la trampa, a pesar de que siente el peligro cerca; más paradojas, puesto que también era el más grande de los cazadores.

Nadie reparaba en él en aquel antro de mala muerte. Empapado por la lluvia y cubierto con una capa robada pasaba desapercibido entre el tumulto, para todos menos para ella. La morena descendía por la escalera como una llamarada de fuego acaparando su atención. Lo hipnotizaba con su cuerpo. Llamándolo, invitándolo a que se acercara. Y lo hizo; dejó que le hiciera creer que podía borrar el reguero de sangre inocente que manchaba sus manos. Ella sonrió victoriosa y lo envolvió como una droga.

Una Diosa que lo arrastró a su cama y lo despojó de su alma. Su encuentro no fue hermoso ni tierno, sino sucio y desesperado. Ella acariciaba su cuerpo hasta llevarlo a la locura, hasta que lo único en lo que podía pensar era en sus manos recorriéndolo, memorizándolo. Ella le dejó creer que tenía el control y lo devoró. Consumido por la impaciencia, se volvió severo. Sus caricias se volvieron toscas y rudas; egoístas. Buscando sólo su placer, pero ella parecía prenderse todavía más en respuesta, y no era suficiente para ninguno. Él desgarró sus ropas y ella arañó su piel, marcándolo y pidiendo más. Comenzó a recorrer su cuello con besos, pero ella no le permitió ser delicado, le hizo perder el control, hasta que hincó sus colmillos y brotó sangre de los orificios. Pero cuanto más brutal era la entrega más intenso era el placer. Más tarde, no recordaría los detalles escabrosos de aquella noche lujuriosa, pero en su mente quedaría grabado el haberle clavado las garras en la espalda mientras se hundía con toda su fuerza en ella, y el agónico placer del clímax que los había arrastrado como una tormenta.

Ahora ella no estaba. Aunque estaba seguro de que la morena de larga melena lacia, había sobrevivido a su encuentro, se sentía confuso. Incluso perdido y sus sentidos cada vez más agudos no hacían más que aturdirlo. La rabia lo aprisionó y destruyó la cama, tras la cama fueron uno a uno todos los muebles de la habitación. Estaba descontrolado. La bestia que había estado encerrada en su interior, ahora era libre, y estaba empezando a tomar el control de su raciocinio. 

Él tenía que evitarlo a toda costa, aún tenía que salvar el alma de Tarah. Inquieto por la ansiedad, se sentó entre los escombros y empezó a balancearse. Se frotó la cabeza buscando calmarse y se esforzó por encontrar algo que le devolviese la cordura. Se dio cuenta entonces de que no recordaba su nombre. Horrorizado, pasó sentado horas cavilando sobre cuál sería, y aunque no lo recordó, de alguna manera consiguió tranquilizarse.

Decidió marcharse de allí cuanto antes, y no cesó en su empeño por recordar su nombre. La pérdida de la identidad era un riesgo que corrían todos los que eran como él. Debía evitarlo a como diese lugar, si quería llegar a la Cueva de las Ánimas. 

Al llegar a la colina más alejada de la posada se atrevió meter la mano en el bolsillo de su pantalón, en busca del frasco de cristal dónde reposaba el alma de Tarah. Entonces perdió el color, sintiendo una fuerte punzada en su marchito corazón, deteniendo el tiempo por un fugaz instante. Hasta que la bestia despertó de nuevo, más feroz que nunca. El rugido que surgió de su garganta traspasó todo el valle, y los animales se apresuraron a esconderse.
                                                                          
La mujer que él había confundido con su ángel de la misericordia, que lo había traído de vuelta a la cordura, era una ladrona. Furioso, como no recordaba haber estado nunca, comprendió que su misteriosa morena era una de las brujas recolectadoras de almas puras. Eran peores que los carroñeros y los cazarrecompensas. Nadie sabía para qué las querían, pero lo cierto era que esas criaturas nunca traían nada bueno. Por culpa del aturdimiento, había sido engañado y le habían robado lo único que todavía tenía importancia para él. Se odió a sí mismo con todas sus fuerzas. Pero más la odió a ella. Esa bruja se arrepentiría de haberse cruzado en su camino.




Angie


#ElCementerioDeLoFantástico:

Primera Parte del relato: Apertura - Por Emily Broken Rose

También podéis leer las respuestas de mis hermanos cuervos en este proyecto, las encontraréis aquí:

El Iniciado - Por Victoria Prince

Desmentiras - Por The Crazy Winter

Ha este fragmento del relato responderá Victoria Prince. Próximamente podréis encontrar la continuación en su blog.

domingo, 12 de julio de 2015

#UnaImagenMilPalabras: El camino.





Arrastro mi vestido en mi largo camino y no me importa. Alzo la mirada a un cielo tan impactante que parece tratar de consumirme. Camino, segura de que en algún lugar, lo que verdaderamente se consumen son las estrellas, quizá por su propio brillo de diamante, quizá porque mueran.

Llego a lo alto de la colina y me permito mirar atrás por última vez. No para ver el pueblo que me vio nacer, sino para llegar más allá. Y recuerdo ¿Qué recuerdo? Mi regreso a este lugar. El pasear por las calles llenas de edificios familiares y más recuerdos entrañables, de otra época; una en la que fui feliz. Pero no me bastó, y te busqué. Después de tantas cosas ocurridas entre ambos, yo sabía que no debía hacerlo. Pero el anhelo resurgió como una necesidad insaciable, que me persiguió hasta que cedí a él. 

Y te encontré. No sabía que esperaba de ese momento. Tú y yo, frente a frente. Supongo que deseaba que por un instante, todos esos recuerdos que me alejaron y me devolvieron a ti, se sobrepusieran a la realidad de que ya no estás conmigo, de que ya has resuelto tú vida sin mí. 

Pero la realidad se impone ¡Ya sabes! El reloj siempre suena a las doce, la carroza vuelve a ser calabaza de nuevo. Entonces, entiendo que tus sueños sí se han hecho realidad. Que con ella encontraste la felicidad que yo no te pude dar.

Al verte, pensé en lo extraño que resultaba que te contuvieras. Pensé en lo que el tiempo y la vida habían hecho de nosotros, y quise sonreír para ti. Porque aunque sé que todo ha acabado, para mi sigue estando todo tan vivo como ayer. 

Sin embargo, esta vez no soy una niña. Soy una mujer, y puedo entender que tú estás tan cerca de mí como aquellas estrellas que eclosionan a lo lejos.

Mi sonrisa amarga no se desvanece, y mis sentimientos tampoco, pero no deseo más que lo mejor para ti. Solo quiero volver a marcharme, sabiendo que tú estarás bien. Dejando esta historia cerrada, y deseando poder encontrar para mí lo que tú tienes aquí. Sin las ataduras que siempre me devuelven a ti.

Suena tan simple y tan real, que ni yo misma lo creo. Menos, al pensar en la gloría de los días pasados. Sin embargo, sé que no hay vuelta atrás, y decido seguir caminando arrastrando mi largo vestido de viaje. 

Detrás de mi queda la sombra de los árboles que me rodean, y me sorprendo al compararlos, con la oscura llama de mis recuerdos. Nuestros recuerdos, pues espero que no los olvides nunca, y sigo caminado. Me niego a ceder a la angustia, pues no vale la pena abrir voluntariamente las cicatrices que nunca terminan de curar.

Pienso que pienso demasiado, y sonrío al oír tus palabras en mi mente. Quizá no estabas tan equivocado. Me voy sabiendo que te extrañaré siempre. Deshecho los resentimientos y errores del pasado, y sigo mi camino.

Angie

Este es mi relato para el Proyecto Una Imagen, Mil Palabras de Reivindicando Blogger, que consiste en elegir una imagen de las propuestas y crear una historia con ella, añadiéndole música. Yo elegí La noche estrellada de Vincent van Gogh. Espero que os guste y que también disfrutéis de los relatos de mis compañeros :) 



viernes, 26 de diciembre de 2014

#NaviBlogger: Diana

Ruido, todo a su alrededor es ruido. Pero ella ha dejado de oírlo. Respira con fuerza, o cree que lo hace. Sus ojos ven sin ver el desastre que ocupa su entorno. 

Ni si quiera tenía que estar allí. Su hermana le había rogado tanto que se quedara... Y ella simplemente había desoído sus suplicas. Si la hubiera escuchado, en ese mismo instante estaría sentada sobre la nieve. Mirando desde su colina la ciudad que la había visto nacer. Llena de luces, de colores, que la hacían soñar que su alma podía llegar a elevarse y flotar entre todas ellas, aunque solo fueran fantasías estúpidas, la llenaban de una paz imposible de alcanzar en un momento como aquel. También estaría llena de personas que compartían la ilusión de aquellas fechas. Algunas incluso dejaban atrás los rencores y se reencontraban con familiares y seres queridos que habían dejado atrás. Ella había sido testigo en una ocasión. Entre todas esas personas estarían las importantes para ella, probablemente compartiendo la cena. Quizá la echasen de menos. "Tendrán que acostumbrarse a eso" piensa mientras la siguiente explosión la empuja contra la fría roca. 

Siente las piedras rasgando su piel, y espera que el dolor la saque de la extraña burbuja que envuelve su mente. Ha colapsado, ya no puede más. Ha llegado hasta ese lugar siguiendo a un hombre ¿Cómo no? ¿Qué otra cosa se podía esperar de alguien como ella? Ninguna causa noble la había llevado al centro de esa guerra que envolvía los países del norte. Solo un hombre. Y jamás le había dicho lo que sentía por él.

El ruido volvió a atizar sus oídos y se levantó con gran dificulta, pues descubrió que algo había dañado su pierna izquierda. No importaba, nada lo hacía ya.

Si miraba hacia atrás, tenía que admitir que no se arrepentía de nada. Sus decisiones, equivocadas o acertadas, por los motivos que fueran, la habían hecho quien era. La habían llevado hasta allí, y si todo iba a acabar en ese momento... entonces había llegado la hora de ser sincera. 

El olor a oxido y pólvora era asfixiante. El humo lo cubría todo. Pero consiguió llegar a la siguiente cámara. Está vacía, lo que es de agradecer. Continúa y baja como puede lo que queda de las escaleras.

Unos candelabros llaman su atención, junto a ellos descansan unos cascabeles de colores. El alma se le cae a los pies ¡Los niños! Imposible, se recordó. Los pequeños debían de haberse ido mucho antes de que aquel ataque los sorprendiera. Los cascabeles tintinearon, tras la siguiente explosión y tuvo que cubrirse la cara con los brazos, mientras recordaba lo travieso que era Nicolás, y que siempre arrastraba a Nina en sus travesuras. Rezó porque no se hubiesen escapado de la caravana de su abuela. Rezó, aunque no creía en los Dioses, porque estuvieran a salvo. 

De pronto tenía mucha prisa. Recorrió todos los corredores por los que solían jugar los niños, buscando un espectro. Algo que deseaba no encontrar. Escuchó voces y gritos, y corrió en su dirección. Recordó que por esa zona había un refugio y se preguntó si los gritos venían de allí.

Entonces se lo encontró a él. El hombre al que amaba, ayudando a salir a las mujeres del refugio, que había sido alcanzado por una de las bombas. Tenía toda la intención de ayudarlo cuando algo llamó su atención. Otro hombre, uno que ella conocía demasiado bien. Lo consumía el rencor, y solo vivía por la venganza. Su padre biológico. El hombre que la había abandonado para ir busca de su venganza iba armado con una espada. Una de esas que servían para decorar el salón. Pero ella sabía bien que estaban muy afiladas, recordaba como cortaba aquel acero. Se estremeció, hasta que vio cómo blandía la espada para matar al hombre del que estaba enamorada.

Reaccionó poniéndose delante de la espada y sintió el acero atravesándola. Vio al hombre que le dio la vida arrebatándosela, y al que había hecho su vida más llevadera dándose cuenta tarde de lo que sucedía. Al primero, deseaba gritarle que era un cobarde por atacar por la espalda a quien dice odiar. Al otro deseaba confesarle todo lo que sentía por él, todo aquello que había guardado dentro de su corazón.

Pero a veces el final llega antes de lo esperado, no siempre podemos decir todo lo que queremos, y su fin había llegado. Sin elocuente despedida y gloría, sintió como la vida se escurría entre sus dedos tan muda como ella. Quizá esta vez su alma sí se elevaría con las luces que iluminaban su ciudad. Aunque estas estuvieran muy lejos, y ella ya no volviera.

Lo último que escuchó, pues no habló fue su nombre en los labios de aquellos dos hombres que tanto habían marcado su vida: Diana. 

Participantes: 
Emily Broken Rose: Emily Broken Rose
Étincelle: Chispas
Garonne: Catón de Elder
Ana Lilium: El viaje de Melissa
El loco cósmico: El hogar del loco cósmico 
JJ Parejo: Cuentos de Taberna
Katia Vanclaise: Testamento de papel
Misora Arosim: Explosiones en la cabeza
Srta Wolf; The last howling
The Crazy Writter: Is the crazy writter